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Cultura

El día que el teatro soñó que era mayor

El Maestranza culminó anoche la ‘Tetralogía’ wagneriana con un emocionante y aclamado ‘Ocaso de los dioses’.

el 15 jun 2014 / 09:06 h.

15834170 Ópera. El ocaso de los dioses. **** Teatro de la Maestranza. 14 de junio. Programa: El ocaso de los dioses (Götterdämmerung), Richard Wagner. Intérpretes: S. Vinke (Siegfried), L. Watson (Brünnhilde), M. Gantner(Gunther), S. Trattnigg (Gutrune), P.Sidhom (Alberich), C. Hübner (Hagen),E. Zidkhova (Waltraute), M.Arcuri (Woglinde), A. Rivas (Wellgunde), A. Schlosser (Flosshilde), E. Zaremba (Primera Norma). Director de escena: C. Padrissa (La Fura dels Baus). Director musical: P. Halffter. Director del coro: Í. Sampil. Dirección de la reposición: A. Stadler. Escenografía: R. Olbeter. Iluminación: P. van Praet. Figurinista: C. Uroz. Video designer: F. Aleu. Coro del Teatro de la Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Hace unos días Carlus Padrissa (La Fura dels Baus) decía en estas mismas páginas que el Ocaso era «a lo bestia». Tras contemplarlo anoche le entendemos. La compañía catalana lleva al límite su funcional combinación en el que la expresividad del cuerpo humano dialoga con un imponente arsenal tecnológico. Más todavía, es en esta última etapa donde se llevan a su plenitud los contrastes entre la naturaleza y el mundo simbólico y el gélido aliento industrial. Momentos como el entierro de Siegfried, llevado en fúnebre procesión entre el público y con la orquesta proyectada en el escenario; o el colofón, donde se aprietan todas las teclas que activan los resortes de la emoción (no desvelaremos más) fueron instantes que quedarán grabados a fuego en quien asista a estas funciones. Nos reconciliamos además con La Fura más grotesca y perturbadora, en la segunda escena del primer acto. Stefan Vinke fue un Siegfried eminentemente lírico, verdadero Heldentenor, que posee además una potencia vocal considerable, capaz de imponerse a una orquesta que anoche derrochó una densidad sonora importante. Su canto, bastante abierto, no le impidió llegar al final con las cualidades intactas. Linda Watson (Brünnhilde) es otra ejemplar cantante wagneriana, soprano dramática de coloración más o menos metálica, brillantes agudos y con un vibrato que moldeó de forma natural. Menos interesante el bajo Christian Hübner (Hagen), de emisión algo nasal y espesa, acaso circunstancial. Excelente actor, Martin Gantner, de registro vocal amplio, dibujó a un pérfido y cobarde Gunther. Enorme el circunloquio ante Brünnhilde de Waltraute, una Elena Zhidkova de bellísima voz. Lírica y solvente, Sandra Trattnigg (Gutrune). Y a buen nivel todo el resto del equipo canoro, incluyendo el Coro (masculino) del Maestranza en su muy comprometida ejecución del segundo acto. Días atrás, Pedro Halffter, afirmó que «el Maestranza se hacía adulto con el Ocaso». Culminar la Tetralogía es un empeño tan alto que no está al alcance de todos los teatros. Como con Lulú, cuya programación supuso derribar una muralla que se creía infranqueable, El anillo del Nibelungo ha sido la mayor aventura lírica en la historia de un teatro que se hará definitivamente adulto cuando se comprometa con la creación y sea, además de escaparate, laboratorio para una nueva partitura lírica. Sea como fuere, este Ocaso, fue abordado por Halffter desde el equilibrio y la energía dramática en los momentos más expansivos. Su consagración como wagneriano hace tiempo que la advertimos. Mérito suyo, también de la orquesta, el haber abrochado una lectura tan llena de colores y matices, especialmente después de unas semanas turbias en lo administrativo. El maestro madrileño recibió visiblemente emocionado la mayor ovación escuchada anoche. El respaldo, a una función pero también a un proyecto, vino también de parte del buen número de músicos que, en lugar de irse, aplaudieron el éxito de todos. También de un público que se va haciendo felizmente adulto en el compromiso con mayores aventuras estéticas.

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