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El dinero da la felicidad... si no vuela

¿El dinero da la felicidad? ¿O mucho dinero es sinónimo de muchas desgracias? Para averiguarlo hemos hablado con varios agraciados con premios millonarios en la provincia de Sevilla. A algunos les ha ido mejor que a otros.

el 16 sep 2009 / 04:14 h.

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¿El dinero da la felicidad? ¿O mucho dinero es sinónimo de muchas desgracias? Para averiguarlo hemos hablado con varios agraciados con premios millonarios en la provincia de Sevilla. A algunos les ha ido mejor que a otros.

Todavía está fresca en la memoria la explosión de alegría colectiva que vivió la Navidad de 2007 el Ventorrillo Canario de Santiponce, donde tocó el Gordo. Muchos trabajadores, como la cocinera del establecimiento, pudieron dejar de trabajar a raíz del golpe de fortuna. Esta mujer, que no ha querido hacer declaraciones a este periódico, se retiró a los 55 años gracias a cinco décimos, 1,2 millones de euros.

No fue la única y el restaurante tuvo problemas al despedirse los trabajadores con más experiencia. Pero otros empleados han tenido que volver a trabajar al volatilizarse su fortuna.

Quien nunca dejó de trabajar allí es uno de los dueños del restaurante, José Manuel Urbano, agraciado también con dos décimos y que sonríe cuando explica la parte alegre del asunto (ha podido comprarse una casa por 240.000 euros, pero también darse el capricho de un boogie de 12.000). "No me volví loco y hago los mismos viajes de una semana en verano que antes, ese año en concreto un crucero por Venecia y las islas griegas".

¿Igual igual? "Bueno, no me preocupa seguir al Sevilla FC en todos sus desplazamientos". Lo de sevillista le viene a José Manuel de antes de que le tocara asimismo a José María del Nido uno de los décimos del ventorrillo.

Pero el haber recibido de golpe tanto dinero le causó también "mucho miedo" porque conoce el caso de un agraciado -quien, contactado por este periódico, sólo explicó que el dinero no le ha "dado la felicidad"- que ha perdido todo lo ganado con el Gordo tras invertirlo en dos empresas inmobiliarias.

"Así que he estado muy preocupado por dónde lo metía", explica José Manuel. En todo caso, haciendo balance de lo bueno y lo malo, también responde a la pregunta del millón: "El dinero claro que da la felicidad".

Adiós a un barrio pobre. Lejos de Santiponce, Francisco Luis Gil, El Joyero para sus convecinos, vive en Morón de la Frontera y el suyo fue un caso límite cuando le tocó la primitiva en septiembre de 2007. Tenía 56 años, había estado poco antes a punto de morir y le cambió la vida. Para mucho mejor.

Pero los 1,37 millones de euros que le tocaron no se le han subido a la cabeza y en su caso lo tiene claro: "A nosotros el dinero nos ha traído la felicidad". Su familia ha pasado de vivir en un bloque degradado en el barrio marginal de El Rancho a instalarse en un adosado en La Alameda de Morón, una zona de clase media.

"Nos ha tocado justo cuando tenía que tocar", explicaba hace unos días en su nueva residencia.

Tras un fallo cardiaco y hepático que padeció en 2005 tuvo que dejar su oficio de platero y los únicos ingresos regulares que entraban en su casa eran los de su mujer, limpiadora. Un trabajo que no ha abandonado, a pesar de que no lo necesita. Luis sí ha dejado la platería, pero más por falta de clientes que por falta de ganas.

¿Qué han hecho con los millones? En septiembre de 2007 esta familia confesó su sueño: saltar de la economía de subsistencia a la clase media. Se han comprado una casa adosada por 216.000 euros, la han amueblado en Natuka y han adquirido dos coches, un Peugeot 207 (mínimo, 9.800 euros) para sus hijos y un Mercedes 220 (sobre 43.000 euros) para el padre. El viaje lo deja para cuando coloque a sus dos vástagos en paro. Tampoco quiere de momento una casa en la playa. Lo que le obsesionan son en cambio los trámites de apertura de un bar y una carpintería para sus hijos.

"Antes de que me tocara la primitiva estaba más tranquilo, ahora me vuelvo loco. Del banco al Ayuntamiento, y de ahí al asesor". Este agraciado no quiere perder de un plumazo su golpe de fortuna. "Y los bancos lo que quisieron fue que invirtiera en bolsa. De haberles hecho caso estaría hoy arruinado".

Los números de la suerte de este reportaje fueron la combinación 4-6-12-21-36-49 de la lotería primitiva del 22 de septiembre de 2007 (el premio de Morón) y el número del Gordo de Navidad de ese mismo año: 20.297, que tocó en el Ventorrillo Canario de Santiponce. Francisco Luis Gil está seguro de que la lotería volverá a llamar a su puerta algún día. ¿Conservará el temple para disfrutar de su dinero?

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