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Economía

"El dinero es la sangre del cuerpo económico y ahora mismo no fluye"

Rafael Albarracín es, junto a Clemencio García León, socio de Galán Camisería, un negocio que cuenta con más de 100 años de vida y que ahora lucha por sortear la crisis.

el 19 may 2012 / 19:01 h.

Rafael Albarracín Jiménez y Clemencio García León a las puertas de Galán Camisería, en la calle Sagasta de la capital hispalense

Rafael Albarracín Jiménez (Ronda, Málaga, 1951) y Clemencio García León son la tercera generación de una empresa familiar con solera en la capital hispalense. Galán Camisería, situada en la céntrica calle Sagasta, lleva más de 100 años vistiendo a los hombres sevillanos. La crisis económica, que espanta al consumo, le afecta de lleno, aunque su receta de seriedad, mucho trabajo, formación y austeridad le permite seguir. Eso sí, pide responsabilidad a los que manejan el dinero público frente a los sacrificios que hacen día a día empresarios y trabajadores.

-Más de 100 años. ¿Cómo se logra que un negocio dure tanto?
-Desde 1905 hay constancia de que existe Galán Camisería. En principio fue una innovación. Un señor procedente de Soria se instaló en Sevilla con artículos de primera calidad. Es un negocio que ha ido de tíos a sobrinos. Isaac Galán tuvo aquí a dos hijos suyos, Benito y Casimiro. Nosotros somos sobrinos de ellos y somos tercera generación. La cuarta ya está en la tienda representada por nuestros hijos.

-¿Cuál es el secreto para sobrevivir a los tragos más duros?
-Entre otras cosas, el negocio afrontó una guerra civil. En esta casa siempre se ha trabajado con mucha seriedad en compromiso de pagos, con los proveedores y con los clientes. Eso, unido con el trabajo, es fundamental para el éxito. Mi socio está jubilado pero está de vez en cuando por la tienda porque le gusta. A todo hay que sumar la preparación. Todos hemos estudiado.

-Ante esta fuerte crisis, ¿cuáles son las herramientas con las que cuenta?
-Austeridad, porque no queda más remedio. El consumo ha bajado una barbaridad y no se puede hacer otra cosa que gastar lo menos posible y atender a las necesidades del negocio. Siempre ha sido así. Va por delante y tú te quedas en segundo lugar, las necesidades particulares pasan a un segundo orden. En 2004 abrimos una segunda tienda en Airesur porque nos iba muy bien, pero se nos ha venido la crisis encima y hemos tenido que cerrar. Aquí [en Sagasta] estamos intentando mantenernos con el personal que tenemos, porque cuesta muchos años formarlo. Afortunadamente podemos decir que la gente que ha trabajado con nosotros, a pesar de la crisis, ha encontrado trabajo gracias a la formación que han recibido y eso es una satisfacción.

-Desde su posición, en pleno centro de Sevilla, pueden ver cómo está afectando la crisis al ciudadano . ¿En qué se nota más?
-En que el cliente no entra. Nos pasamos las horas a pie quieto. Desgraciadamente, no podemos decir que hayamos tocado fondo, que es lo que estamos implorando, porque no paramos de bajar.

-Ante esta situación, muchos comercios han cerrado. ¿Cuáles han logrado mantenerse?
-Creo que los que llevamos muchos años seguimos. No son competencia, sino más bien compañeros que afortunadamente siguen estando, y que continúen, porque hace falta que existan para que haya proveedores. En el momento que desaparezcan, nos quedamos hasta sin ellos.

-Los negocios chinos se están asentando con fuerza en el centro. ¿Son competencia?
-El precio muy bajo no es competencia porque no ofrecen nuestra calidad, que es media alta, en la que se cuidan las telas, los procesos productivos, y eso tiene un coste. No hemos introducido otras prendas por la crisis porque no queremos cambiar nuestra línea de negocio. Creemos que sería un error. Antes se compraba con alegría y ahora asusta el precio, pero no se puede cambiar la calidad ni la orientación del negocio.

-¿Han tenido problemas de financiación con los bancos?
-Nos atienden, pero es difícil. Para el nivel de solvencia que tenemos, ves que al banco le cuesta trabajo. Antes te aprobaban las operaciones sobre la marcha y ahora se frenan, cuando hay solvencia suficiente para atender las necesidades de tesorería que podamos tener. Y los tipos de interés, nada tienen que ver con lo que hay que pagar y encima agradecido porque nos dan el crédito. El aval va con el patrimonio porque ése es el papel del empresario. Si va bien, ganas; si va mal, pierdes. Pero hay que asumir el riesgo.

-¿Ha diversificado el negocio?
-No. La madre de nuestros ingresos es la tienda. De hecho, competencia que está fuera de Sevilla ya no existe por la diversificación en el ladrillo. Al salir mal, pues les ha ido mal. No lo esperaba nadie. Si lo llegamos a saber, no abrimos la tienda en Airesur, y eso que en nuestro caso pusimos en marcha un negocio igual al que conocíamos, que no fue una aventura.

-¿Cuál es su perfil de cliente?
-La fidelidad es la tónica habitual. Hay distintas generaciones que vienen a comprar, desde el nieto al abuelo. Tenemos 12.500 clientes que están fichados y suelen venir. Para vender este producto hay que comprar caro. Se han ajustado los precios y, además, en el momento que te suben el IVA, el margen vuelve a bajar, porque no lo repercutes en la prenda. Es a costa del comerciante siempre. Pero hay que decir una cosa: a los que gastan el dinero, que lo cuiden. Siempre hemos tenido conciencia de lo que nos costaba todo a nosotros, a la gente que trabaja en el negocio, del esfuerzo que suponía. Aquí no se puede tirar un duro. Y la sensación que le queda a uno es que cuando el dinero es público se derrocha. Y es el de los que estamos aquí sacrificándonos muchas horas. Hace falta responsabilidad. A la hora de gestionar ese dinero entran ganas de decir: "Señores, por favor, ¿qué están haciendo con nuestro sacrificio?"

-El futuro entonces, ¿negro?
-Esperemos que mejore y estamos seguros de que lo hará porque el ser humano necesita consumir. Mi socio lleva desde 1950 en el negocio y nunca ha vivido un momento tan negativo. Esta caída continua no se ha conocido en esta casa. En otras crisis el negocio se mantenía, no descendía a unos niveles tan elevados.

-El consumo se ve afectado por la desconfianza ante una crisis que no parece tener fin...
-No tiene fin de momento porque hay una crisis financiera y si no circula el dinero las empresas no pueden hacer nada. La economía se ha parado en los elementos que le dan la vida, como el dinero. Es la sangre del cuerpo económico y ahora no fluye.

-¿Qué importancia tienen las nuevas tecnologías en el negocio?
-En 1991, el primer servidor que tuvimos tenía 80 megas. Nos subimos al carro desde el principio. Innovación y tradición van de la mano. No se puede vivir ciento y pico de años si no vas renovándote y cambiando en función de cómo lo hace la sociedad. O lo integras en tu vida o vas al desastre.

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