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'El disparo me duele cada día'

Entró en un piso de las 624 Viviendas donde estaban vendiendo droga y fue hacia una mujer que tiraba algo por la ventana. Entonces escuchó el disparo a sus espaldas. No sintió dolor, pero la pierna derecha le falló, se tambaleó y al girarse vio al hombre apuntándolo con la escopeta. Sólo pudo pensar en cómo le dirían a su familia que había muerto.

el 15 sep 2009 / 17:57 h.

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Entró en un piso de las 624 Viviendas donde estaban vendiendo droga y fue hacia una mujer que tiraba algo por la ventana. Entonces escuchó el disparo a sus espaldas. No sintió dolor, pero la pierna derecha le falló, se tambaleó y al girarse vio al hombre apuntándolo con la escopeta. Sólo pudo pensar en cómo le dirían a su familia que había muerto.

"Es como lo ves en las películas, todo va a cámara lenta y te da tiempo a pensar un montón de cosas. Oía los disparos e imaginé que le tendrían que decir a mi madre que a mi compañero y a mí nos habían encontrado muertos allí. Pensé en un amigo que acababa de tener un hijo, y en la de cosas que yo me iba a perder".

No sentía dolor, pero la rodilla le quemaba. Disparó mientras seguía oyendo tiros y gritos a su alrededor y acertó al agresor, que falleció. Le quitó la escopeta y salió del piso, todavía esperando que le volvieran a disparar. Cuando ya estaba fuera se vino abajo, le empezó a doler la pierna, "y desde entonces no ha parado. Me duele todos los días, así que todos los días me acuerdo de aquello".

El policía nacional que explica esta historia estaba en la unidad de motoristas cuando recibió el disparo de una escopeta de caza, en diciembre de 2004. Cuatro años después, con sólo 38 años, está retirado del cuerpo por las secuelas, que incluyen un centenar de perdigones en la rodilla. "Para mí ser policía era un sueño, lo había conseguido y todo se frustró de golpe". Aún reacciona cuando escucha las sirenas de los patrulleros como si fuera a tener que acudir, y siente "mucha nostalgia" de su profesión. "El día que tuve que entregar la placa y la documentación de policía fue de los peores de mi vida", asegura.

Salvo que estaba de servicio, su situación fue parecida a la que vivió el comisario Jesús Gómez Palacios, que se vio envuelto en un atraco, recibió un disparo y respondió con otro que mató al delincuente. Desde entonces, ningún otro policía ha sufrido heridas tan graves por disparos.

Lo que vino después tampoco fue fácil. Tras unos minutos eternos sin ver a nadie, porque las numerosas personas que había en el piso salieron corriendo, llegaron más policías que lo sacaron a rastras del bloque con su compañero, que había recibido una paliza. Fue operado y tardó diez meses en poder apoyar la pierna. Al ser evaluado, vio en los ojos de los médicos que no iba a volver al cuerpo. "En realidad yo ya sabía que no estaba bien para incorporarme. Podía haberme metido en una oficina, pero no me hice policía para eso". Por si fuera poco, al año se encontró con un atracador en un banco y al intentar sujetarlo, el delincuente le sacó un cuchillo y se lo clavó 12 centímetros en la otra pierna. "Así se compensó y no se me nota al andar", bromea. Aún no hay fecha para el juicio que debe aclarar lo ocurrido. Él y su compañero están imputados y la tardanza no le permite "pasar página de una vez".

Al saber lo que le había ocurrido a Gómez Palacios "lo revives todo otra vez. Pero me han dicho que también va a salir y le envío todo el ánimo del mundo".

A pesar de todo está convencido de que si le pasara de nuevo, haría lo mismo. "Lo he pensado muchas veces: yo volvería a entrar. En esa situación no pude hacer más que lo que hice porque me encontré con un delito. Igual que en el atraco: la gente me pregunta ¿por qué te metiste?, pero si eres policía no puedes mirar para otro lado. Y yo me siento policía, me voy a sentir policía siempre".

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