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El doble de violencia

Los homicidios se duplican en un año con crímenes especialmente crudos.

el 28 dic 2010 / 18:46 h.

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La Policía custodia los cuerpos de las dos jóvenes atropelladas en el Paseo Colón.

Una mujer descuartizada por un amigo con quien subió a tomarse una copa; una anciana apuñalada y brutalmente violada por el vecino del piso de abajo, que regresó tras una noche de marcha y al despertar no recordaba nada; un sacerdote asfixiado en su cama por dos jóvenes que vivían en su casa, con un oscuro trasfondo sexual; dos mujeres muertas a manos de sus parejas por culpa de la violencia machista, seis atropellos mortales... El año que acaba ha registrado una abultada cifra de crímenes, diez, el doble que en 2009. Aunque quizá lo más dramático es que se han producido casos de una crudeza inusual.

Los ocho policías del grupo de Homicidios de Sevilla podrán recordar 2010 por las jornadas maratonianas, pero también por lo sangriento de algunas de las escenas que han tenido que ver.

En junio, hasta los forenses calificaron como una agresión “brutal”, con un tinte “sádico-sexual”, la violación de Efigenia Gómez, la anciana de 78 años a la que un vecino de 23 acuchilló una veintena de veces, tres de ellas mientras la forzaba sexualmente, sin que se conozcan los motivos. La mujer no tuvo fuerzas para defenderse de un ataque de una violencia inusitada, que el chaval justificó porque había tomado éxtasis. El propio autor se entregó a la Policía acompañado por su padre, sin saber explicar por qué acudió a casa de su vecina.

Impactante fue también el crimen de la profesora norteamericana Laura Cerna, a quien el pasado agosto Antonio Gordillo desmembró para introducirla en una maleta y tirarla al río. Pero antes separó la cabeza de la víctima y un brazo a la altura del hombro, para introducirlos en una bolsa de plástico, porque el cuerpo no cabía entero en la maleta. La descuartizó él mismo, en su casa, con los cuchillos que tenía en la cocina. La Policía tuvo que rescatar el cuerpo del río cuando el autor admitió haberse deshecho de él.

Los agentes también quedaron conmocionados al encontrar en medio de un enorme charco de sangre el cadáver de Carmen Redondo, la mujer que fue degollada por su novio en la casa ocupada que compartían cerca de Amador de los Ríos, el pasado noviembre. Quienes estuvieron en la vivienda reconocieron que pocas veces han visto un escenario tan sangriento. El agresor fue buscado durante algunas horas, y encontrado escondido cerca de un centro comercial.

Fue el segundo caso mortal de violencia machista. El primero se produjo en mayo, junto a la rotonda de San Lázaro, donde Ana Jiménez cayó fulminada en plena calle después de que su ex novio, Richard Genaro Q., la agrediera con un cuchillo que acababa de comprar después de que ella rechazara una reconciliación, tras haber roto una relación de 10 años.

El balance de 2010 tendrá que registrar también dos crímenes familiares:en agosto, José Luis Bohórquez moría en su casa del Polígono Norte apuñalado por su hermano Agustín, después de una discusión. Las peleas eran frecuentes entre los dos por ambos tenían caracteres inestables, a causa de la dependencia del alcohol y las drogas de uno y otro. Su madre se encontraba en el piso de abajo cuando se produjo el crimen.

En mayo, otra pelea acabó con la muerte de Paul Vulpe George en la calle Mirlo, en Los Pajaritos, como culmen de otra historia truculenta. El hombre, de 41 años, murió de dos puñaladas propinadas por el hijo de su pareja, un joven de 21 años al que en el barrio conocían como El Loco por ser agresivo, esquizofrénico según algunos. Al parecer, el fallecido llegó a su casa borracho, después de haberse tomado una botella de whisky con unos amigos, y se peleó con su pareja, lo que no era raro en una casa en la que los vecinos escuchaban contínuamente gritos y discusiones. El chaval dijo que se había metido en medio para defender a su madre, porque su padrastro la había querido agredir.

En el extremo contrario de esta macabra lista se encuentra un asesinato tan discreto, que a punto estuvo de pasar desapercibido: en octubre, dos jóvenes fueron detenidos por matar al sacerdote Ernesto Muñoz, de 65 años, capellán sustituto de la Hermandad del Silencio. El hombre fue encontrado muerto en su cama, sin signos de violencia, y en principio no se consideró un crimen. Pero los agresores le contaron a un amigo que lo habían matado, y éste acudió a la Policía, que acabó por detenerlos. Dijeron al juez que mantenían relaciones sexuales con el sacerdote, y que cuando se negaron los amenazó con echarlos de su casa. Por eso lo asfixiaron con un cojín.

En la mayoría de los crímenes, la detención del autor se ha producido justo tras el suceso o apenas unas horas después. Pero muchos han sido, “más que complicados, laboriosos, porque tras la identificación y detención del supuesto autor han hecho falta muchísimas horas para recabar las pruebas que permitan esclarecer la verdad”, explican fuentes policiales.

Ponen como ejemplo los atropellos, que este año han marcado la crónica de sucesos, con seis fallecidos y porque en tres casos –con cuatro víctimas– no pueden considerarse meros accidentes al estar los conductores borrachos, tratar de huir después de arrollar al peatón y, en ocasiones, sumar otras agravantes como la de tener retirado el carné de conducir por infracciones anteriores.

“Cuando tienes a los testigos, tienes que hablar con todos para contrastar las versiones, redactar los atestados e informar al juez. Sabes cuándo empiezas el turno, pero no cuándo lo acabas”.

Así fueron los casos del conductor que mató a Patricia Alfaro, de 26 años, y Almudena González, de 30, en el Paseo de Colón la madrugada del Domingo de Resurrección, cuando conducía superando la tasa de alcohol permitida, sin carné y tras saltarse un paso de peatones.

En noviembre, la joven de 20 años Silvia Reyes perdía la vida en Tablada arrollada por otro joven ebrio, a la salida de una discoteca. El último caso, es el de Manuel Alías, de 31 años, fallecido el 12 de diciembre tras celebrar una cena de Navidad en el Polígono Store.

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