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"El dragado se cargaría los dos pilares económicos de nuestro pueblo"

Ángel García Espuny, alcalde de Isla Mayor, sabe que el entorno natural de su pueblo es su mayor fuente de ingresos y se posiciona sobre el dragado del Guadalquivir

el 22 dic 2014 / 10:00 h.

angel-garcia-espunyÁngel García Espuny sabe que el entorno natural de su pueblo es su mayor fuente de ingresos. Aunque Isla Mayor tiene la totalidad de sus hectáreas dedicadas al arroz y al cangrejo rojo, su alcalde recalca que la idiosincrasia de su pueblo es lo que le ha hecho salir adelante. Por este motivo, es férreo al negarse a que hagan cualquier cambio en el medio natural. —¿Qué supondría en Isla Mayor el dragado del Guadalquivir y qué sensación hay en el pueblo? —Un dragado de las características que plantea Puerto de Sevilla puede poner en peligro el cultivo del arroz y, en consecuencia, la pesca del cangrejo que son nuestros pilares económicos. Los cangrejos se crían en las tablas de arroz y en los canales, por lo que si no hay arroz, no hay cangrejo. Una amenaza que provoca inquietud y rechazo, ya que el aumento de salinidad, que sería uno de sus consecuencias, mermaría la producción entre un 30 y un 40 por ciento, en el mejor de los casos. Además, estas tierras tienen la peculiaridad de que no se puede dedicar a ningún otro cultivo por sus características físicas y químicas, aunque lo hemos intentado, la producción lo hacía totalmente inviable. —¿Qué opinión le merece que la presidenta del Puerto llame oportunistas a los arroceros para pedir la modernización del riego? —El dragado no se está utilizando como moneda de cambio para conseguir la modernización del riego. De hecho, ambos proyectos siempre han ido por caminos separados. Se han venido a vincular cuando la modernización supondría un ahorro del gasto del agua para toda la cuenca. Es decir, sería un proyecto sostenible a todos los niveles, por lo que no se beneficiaría solo el arrozal. No obstante, los arroceros son conscientes de que esta moder- nización no sería la solución definitiva a la escasez de agua dulce. —¿Qué opina de la atención a la Declaración de Impacto Ambiental? —Es triste ver cómo las administraciones públicas desoyen los informes técnicos que desaconsejan el dragado. El comité científico, creado ad hoc, no garantiza que no aumente la salinidad, lo que dañaría el entorno. Cabe recordar que los arrozales son la despensa para las aves de Doñana. —Hablando de aves, con el refuerzo del turismo ornitológico, ¿se ha notado un aumento en los visitantes? —Que la Diputación lo haya puesto en valor y la película –en referencia a La Isla Mínima– mostrara nuestros paisajes ha supuesto un incremento de visitantes, que aquí encuentran una gran variedad de especies. Es un turismo que nos gusta porque es sostenible y está adaptado al entorno. —¿Qué ha provocado La Isla Mínima? —La gente quiere ver las localizaciones, como la casa del barquero, que existe, y comprobar que esos paisajes son de verdad. Solo hace falta esperar el atardecer para darse cuenta de que lo es. Ahora la gente viene más, cerca de un 50 o un 60 por ciento. A los vecinos les cuesta encontrar sitio en un restaurante los domingos porque están todos hasta la bandera. —Pese a que está a 40 minutos de la capital, no es fácil llegar... —Nuestro principal hándicap es la movilidad. Con Sevilla solo tenemos una conexión que nos gustaría que tuviera más capacidad porque aquí hay mucho tráfico pesado por el tema del arroz y el cangrejo. Además con Villamanrique de la Condesa, que está a solo 20 kilómetros por el oeste, la única conexión es el vado de un río, que cuando llueve se inunda y queda inutilizable, lo que obliga a hacer un recorrido de unos 50 kilómetros más. Es una conexión que además demandan muchos transportistas de la zona de Huelva, que cuando van a Cádiz tienen que hacer 150 kilómetros más. Esto permitiría, además, el desarrollo del pueblo. Luego tenemos un proyecto muy ilusionante que es el de recuperar la barcaza que nos conectaría con la otra margen del río y nos permitiría volver a tener relación con pueblos como Lebrija o Los Palacios y Villafranca. —¿Cómo va el proyecto de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir en el vado de los Vaqueros? —En las últimas conversaciones con la confederación me han dicho que sigue adelante y que a principios de año tendremos una noticia positiva. El proyecto consiste en elevar entre 40 y 50 centímetros el fondo del vado para evitar que se inunde. Sabemos que no es la obra definitiva porque la única forma de salvar el vado es construir un puente, pero es una inversión enorme. —Pese a la dificultad que atraviesan ahora los ayuntamientos, usted parece tranquilo. —A todos nos gustaría hacer más, pero hay que ser responsables. No es cuestión de dejar a un municipio paralizado ni de derrochar por el capricho de un alcalde. Tenemos un presupuesto de tres millones de euros que da para poco más que para pagar a los trabajadores, las inversiones se quedan para los planes de empleo y las ayudas.

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