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El dragón no sale esta noche

Los chinos de Sevilla celebran la llegada de su año nuevo, el del caballo de madera, en la más estricta intimidad. Activando gran muralla

el 01 feb 2014 / 21:39 h.

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GRAN CIRCO CHINONo, no haremos nada de particular», dice Liu Ahe el 31 de enero, pocas horas antes de su Nochevieja. «En casa». Su tono de voz intenta ser cortés pero le sale disua- sorio. Es la responsable del Colegio de Cultura China de Sevilla y dice encontrarse muy atareada. Tanto como pueda estarlo Meng Lu, estudiante de Publicidad en la FCOM de la Cartuja: «¿Que cómo voy a pasar el año nuevo chino? Pues me lo voy a pasar estudiando para los exámenes. Cada año me pilla con exámenes. Antes, cuando vivía aquí con mi madre, hacíamos una cenita; ahora, estando sola, es más complicado. Es como las navidades para los españoles: que todo gira alrededor de las reuniones familiares. Y si no hay familia...»  Sí, es cierto que en otras ciudades –incluso otras ciudades españolas, como Barcelona–, la despedida del Año de la Serpiente y la llegada del Año del Caballo de Madera se ha festejado por todo lo alto: fuegos, desfiles, fiesta callejera. También es verdad que en Barcelona hay 37.000 y pico chinos, mientras que en Sevilla apenas son 4.454. Y además, «los chinos de Sevilla tienen sus peculiaridades». No lo dice un cualquiera, no: lo dice el presidente de la Asociación para el Fomento del Estudio y la Cultura China (AFEC), Alberto Jarana. Aunque alguna que otra entidad deseosa de integración social y de divulgación cultural haya organizado un par de actividades para estos días, la fiesta, donde la haya, ha sido y sigue siendo de puertas para adentro. Alberto fundó la asociación con algunos compañeros de las clases de chino en sus tiempos de estudiante. Hoy, años después, tras mucho conocerlos y mucho estudiarlos, hecho ya todo un empresario y con intereses comerciales en aquel país, tiene claro que el chino es, en cierto modo, lo contrario del español: «Ellos, primero, son muy cerrados y luego, cuando ya conocen, se vuelven muy abiertos. Es muy común oír a un chino de por aquí decir que tal o cual español es como su hermano, su gran amigo. Establecen lazos muy fuertes e intensos de amistad. Claro, una cosa es ser eso y otra es ser latinos. Latinos, no son». Sucede, además, que la inmensa mayoría de chinos, según el presidente de AFEC, proceden de una zona rural llamada Zhejiang donde «son más cerrados». Y por si fuera poco, «aquí están más desunidos que en Madrid y Barcelona. Allí, las cúpulas de las asociaciones están compuestas por empresarios y gente dinámica, deseosa de hacer cosas y organizar actividades». Señoría, no hay más preguntas. Aunque, en realidad, sí que las hay. Hace falta una radiografía urgente de esta comunidad sevillana con la excusa de la festividad, y Alberto Jarana la resume comenzando por un dato muy digno de interés: «Esa tendencia de la emigración rural china a España está cambiando», dice. «Era normal que los chinos, en cierto modo, tuvieran problemas para integrarse: no es ya que no supieran español, ¡es que yo sé más chino que muchos de ellos! Pero eso, como digo, está cambiando, y ahora empiezan a venir sobre todo a estudiar, o con estudios, y manejando ya inglés y español». «Eso sí, todos los que vienen lo tienen muy claro», continúa: «Vienen a trabajar para poder montar su negocio propio. Eso es en el cien por cien de los casos. Nadie quiere trabajar por cuenta ajena. Luego, están los estudiantes que empezaron a llegar hará unos cinco años, con becas o por las conexiones existentes entre las universidades chinas y las españolas. Y en cuanto a los negocios, primero fueron los restaurantes y luego los bazares y la ropa, pero eso está en crisis desde hace ya tiempo. Ahora, para este tipo de comercios se van más a Sudamérica. Aquí están empezando a abrir bares y restaurantes (pero no chinos, sino españoles) y sobre todo fruterías y tiendas de alimentación. Además, son muy trabajadores y se asocian: lo mismo se levantan a las tres de la mañana y van a Chipiona a por patatas y traen patatas para todos los ultramarinos chinos, y claro, le sacan mucha rentabilidad». Pese a que la sevillana no es la comunidad más numerosa de España, como ha quedado dicho, el que aquí vivan el 12% de los 170.677 chinos del país da para mucho, o al menos para alguna cosa. Ya el fin de semana pasado se organizaba un anticipo de la fiesta: la academia de mandarín Oso Panda reunía a sus alumnos y amigos el domingo pasado en el Parque del Alamillo para hacer unas actividades relacionadas con la cultura y las tradiciones chinas. Además, la entidad Engranajes Culturales y La Casa China también organizan este fin de semana, en la Alfalfa, unos talleres curiosos. Hoy, domingo, se tratará de construir por la mañana un gran dragón de papel con el que harán luego un desfile por la plaza a las dos de la tarde, con disfraces y música. También habrá videoproyecciones artísticas, conferencias y otras propuestas culturales de aquí al 7 de febrero, por el mismo motivo. Pero lo más cierto es que la inmensa mayoría de los chinos sevillanos pasan estas noches en casa, en familia, celebrando en privado algo que, sin embargo tiene trascendencia pública. Porque si es cierto que cada animal del zodiaco chino sintetiza las características del año que empieza, este año 4712 que ha comenzado este fin de semana será favorable a la estabiliad, a las resoluciones enérgicas, al optimismo; a los emprendedores, a los independientes, a los obstinados, arrogantes, avaros... pero también a los vitalistas, a los extravertidos, a la gente de humor. Se marcha la sibilina, tacaña, prudente y perezosa serpiente y llega el caballo de madera. Será lo que gobierne el almanaque chino hasta el 18 de febrero de 2015, cuando entrará en escena la interesantísima cabra, ya se sabe: hipersensible, generosa, soñadora, apacible, algo solitaria e insegura, amante de la belleza, enemiga de la rutina y portadora de buena suerte. Lo mismo para entonces hacen una fiesta.

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