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El Duque ante el espejo

En el caso Urdangarin se ha denunciado todo lo chusco pero también se han ‘fabricado’ las noticias.

el 22 feb 2012 / 12:52 h.

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Qué quieren que les diga: a mí me sorprendió que en la Gala de los Goya no se hiciera una mención a la estrella que más ha brillado en estos últimos meses dentro y fuera de nuestras fronteras. El duque de Palma no fue objeto de ninguna sátira durante la entrega de premios que nos hace soñar por unas horas con que nos parecemos a Hollywood. Y no vale replicar con un qué pinta Iñaki Urdangarin en un sitio como éste. No sería la primera vez, ni probablemente será la última, que un tema de actualidad se cuela en la "fiesta del cine español" sin tener la más mínima vinculación con el asunto. Porque puestos al escarnio, qué mejor espacio que la tribuna televisiva de los Goya para arremeter contra los privilegios de la Casa Real y los desmanes de algunos de sus miembros...

Al duque de Palma ya le tienen preparada su particular alfombra roja el próximo sábado cuando declare por primera vez ante el juez José Castro, titular del Juzgado de Instrucción número 3 de Palma de Mallorca, que investiga sus actividades al frente del Instituto Nóos y el supuesto vaciado de fondos del mismo a través de una red de empresas controladas por el propio duque de Palma y su socio, Diego Torres. Todos los flashes, los objetivos y las miradas estarán puestas en el yerno del Rey, sobre el que su Majestad reconoció que no había tenido una conducta ejemplar. Como ya sé que algunos se estarán llevando las manos a la cabeza ante la idea de que se esté sugiriendo en estas líneas que se ha sido injusto con el marido de la infanta Cristina, vaya por delante lo que es una obviedad por otra parte: la Justicia ha hecho lo que tenía que hacer e informarse se tenía que informar de todos y cada uno de los detalles chuscos que rodean este caso. Pero, nuevamente (el periodismo, por mucho Facebook y Twitter que haya, se inventó hace muchos siglos), se han cometido excesos que, para más inri, se aplauden. El último de ellos tiene que ver con el programa Materia reservada, de Telecinco. La periodista de crónica rosa Paloma García Pelayo se desplazó hasta Washington para intentar conseguir unas declaraciones del duque de Palma, las que hubieran sido las primeras desde que saltó el escándalo.

La periodista se muestra de lo más educada. Sin ningún aspaviento, se acerca con naturalidad (la Casa Real ha debido de meter la tijera en la partida para escoltas) al duque de Palma mientras éste va dando un paseo. Vestido con pantalón blanco impoluto y sosteniendo un jersey en la mano, se muestra sorprendido cuando la periodista le pide unos segundos para hacerle unas preguntas. "No tengo nada que decir", le contesta el duque de Palma sin pararse pero tampoco sin mostrarse agresivo ni nada parecido.

A partir de ese momento se suceden los hechos que la experiencia dice que hay que encuadrarlos en una estrategia de hacer periodismo más antigua que el hilo negro y que consiste no en buscar la información sino en generarla. La periodista y el medio han hecho lo que tenían que hacer: buscar las palabras del protagonista; y éste ha hecho lo que creía conveniente: no contestar. Y hasta aquí podemos leer, como diría Mayra Gómez Kemp. No hay más nada que hacer. O sí... Podemos seguir al protagonista, en este caso a Urdangarin, durante varios kilómetros insistiéndole, muy educadamente eso sí, en que sólo será un momento, en que sólo queremos hacerle unas preguntas, en que no pretendemos incomodarle... Así hasta que consigamos el fin perseguido: sacar de sus casillas al susodicho. El duque, en vez de soltarle una fresca a la correctísima García Pelayo (lo que la habría catapultado a la fama total), salió corriendo. ¡Estupendo! La periodista ya tenía su pieza. Ya había noticia. El cómo había sido conseguida no ha sido objeto de debate en los programas que han llenado horas y horas de programación comentando la espantá de Urdangarin (para otra tribuna son los comentarios que me suscitan las imágenes de la infanta Cristina pidiendo a la periodista en cuestión un poco de por favor mientras se sirve unas berenjenas en el Mercadona de Washington).

El duque cae en la trampa en la que habríamos caído cualquiera si nos tocan la moral de manera reiterada. La cámara estaba ahí para captar el momento de su huida que no se habría producido de haberse dado por zanjada la cuestión en el mismo momento en el que Urdangarin contesta que no va a hacer ningún tipo de declaración. Pero las cosas son como son y en casos como éste, con un miembro de la realeza de por medio, más todavía. La foto sirve en bandeja un listado de titulares. Pero sin necesidad de esta imagen hace mucho que puede decirse que Urdangarin está solo ante el peligro y sin posibilidad de huir de la Justicia.

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