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El ejemplo de los religiosos de Euskadi

La celebración en Vitoria de una misa en memoria de 14 sacerdotes vascos ejecutados por el banco franquista durante la Guerra Civil contiene dos niveles de lecturas. De una parte, constituye un ejercicio de rehabilitación de la memoria de quienes unieron a su...

el 16 sep 2009 / 05:39 h.

La celebración en Vitoria de una misa en memoria de 14 sacerdotes vascos ejecutados por el banco franquista durante la Guerra Civil contiene dos niveles de lecturas. De una parte, constituye un ejercicio de rehabilitación de la memoria de quienes unieron a su fusilamiento el olvido más ognominioso y, de otra, adopta el aire de un invectiva de gran calado de los obispos vascos hacia la jerarquía de la Conferencia Episcopal española. Sobre lo primero, habrá quien considere que no se deben resucitar viejas heridas que no conducen a nada, pero cualquiera que se acerque a los detalles de esta historia entenderá que aunque sea con siete décadas de retraso, las víctimas de este relato merecían al menos el recuerdo de la sociedad a la que sirvieron. Doce de los fusilados no fueron ni inscritos como fallecidos en sus correspondientes registros parroquiales, y sobre ellos cayó tal manto de silencio que su recuerdo empezó a borrarse de la memoria colectiva. Es extraño y hasta un tanto paradójico que hayan tenido que pasar treinta años de democracia para que reciban este homenaje pues se pudo hacer mucho antes, pero al menos se dignifica su memoria. En cuanto a la profundidad del ataque de los obispos de San Sebastián, Bilbao y Vitoria a la jerarquía eclesial, no hay más que leer las declaraciones en las que estos obispos piden perdón por el "injustificable silencio de los medios oficiales de nuestra iglesia", un silencio que en sus palabras ha conducido "a una falta de verdad, contra la justicia y la caridad". Poco que objetar, sino más bien al contrario. La deriva conservadora de la Conferencia Episcopal que preside monseñor Rocuco Verela está detrás de que se prolongue ese silencio y ese olvido tan nocivos para quienes buscan la dignificación de las víctimas de la contienda civil. Los obispos vascos han salido al paso para evitar esta ignominia. Ojalá no se queden sólo en esta defensa de los sacerdotes muertos en la Guerra Civil y den otro ejemplo de coraje y valor cívico con una condena firme y expresa del terrorismo de ETA en la que se aparten a un lado los mensajes ambiguos tan del gusto del PNV.

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