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El enigma de Bauman

Es un enigma típico de los tiempos actuales. El filósofo Zygmunt Bauman ha planteado una incógnita sin fácil respuesta. Esa sensación de inseguridad que domina a la sociedad más segura, más mimada y consentida de todos los tiempos. Una sociedad habitualmente satisfecha, rendida a una sensación de amenaza.

el 15 sep 2009 / 15:42 h.

Es un enigma típico de los tiempos actuales. El filósofo Zygmunt Bauman ha planteado una incógnita sin fácil respuesta. Esa sensación de inseguridad que domina a la sociedad más segura, más mimada y consentida de todos los tiempos. Una sociedad habitualmente satisfecha, rendida a una sensación de amenaza. Un misterio para el que Bauman ha demandado una solución urgente, para comprender "los giros y las sinuosidades de la sensibilidad al peligro, así como los blancos cambiantes en los que dicha sensibilidad tiende a centrarse". Un blanco móvil que estos días parece fijarse en la salud de nuestro sistema bancario. Con un creciente protagonismo de maliciosos rumores. Provocados por simple desinformación. A menudo irracionales, en ocasiones estúpidos, insolventes, con frecuencia inocentes, en el peor de los casos, lamentablemente interesados. Materializados en falsas intuiciones. Con un perverso y dudoso gusto por la mentira. Con irracional avidez y predisposición al daño. De un peligroso efecto multiplicador. Originado en una ridícula actitud de dominio de una información, que siempre resulta falsa, infundada, en absoluto privilegiada. Que alienta y amplifica la crisis.

Ya existen problemas económicos en muchas familias y empresas. Por eso es absolutamente imperdonable que no se haga nada por demostrar confianza. Para evidenciar que contamos con una de las mejores economías y sistemas bancarios del mundo. Con la fortaleza y capacidad para afrontar este crac global. Gestionando una crisis financiera originada al otro lado del Atlántico. Sin relación con nuestro modelo de gestión bancaria. Por entidades que han confundido auto-regulación con culto al secreto, a la opacidad, a la avaricia. Con aversión a la transparencia. Ignorantes deliberados de la condición del sistema financiero como espina dorsal de la economía contemporánea. Desmemoriados imprudentes de crisis anteriores.

Pero es cierto que nos enfrentamos a esa crisis global sin una estrategia institucional de comunicación. Esa que impida una metástasis de desconfianza. Con una gran parte de la clase política confundida, que no da señales de seguridad, de aplazamiento de las disputas partidarias, de agenda política renovada y ajustada a los tiempos que corren. Sin el protagonismo de empresarios que transmitan voluntad de innovación, de reconversión, de mirar más allá de esta crisis. Con muchos periodistas que prefieren la exageración a la información. Cancerberos de esa tradición que no permite que la verdad estropee una buena noticia. Existen indudables dificultades para el futuro.

Pero este es un país optimista que ha sabido salir de situaciones más difíciles. El único blanco racional de nuestros miedos debe ser a nuestra falta de autoestima, de confianza. A la mentira prefabricada, a la excesiva liberalidad de los enemigos internos. Miedo, sobre todo, a no tener la voluntad, el coraje y la seguridad de creer en nuestras propias posibilidades colectivas. El único método disponible para desmentir ese enigma de Bauman.

Abogado. opinion@correoandalucia.es

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