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El esmero hecho funcionario

Lleva 38 años al servicio de la Justicia, once en el Juzgado de Instrucción 19. La tarea de Manuel Gutiérrez son las ejecutorias, tan famosas tras el caso Mari Luz. Una inspectora del CGPJ quedó impresionada por su orden, lo que le ha hecho merecedor de la medalla de Raimundo de Peñafort. Foto: Javier Cuesta.

el 15 sep 2009 / 18:20 h.

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R. Velis / A. Romero

Lleva 38 años al servicio de la Justicia, once en el Juzgado de Instrucción 19. La tarea de Manuel Gutiérrez son las ejecutorias, tan famosas tras el caso Mari Luz. Una inspectora del CGPJ quedó impresionada por su orden, lo que le ha hecho merecedor de la medalla de Raimundo de Peñafort.

A sus 60 años es un trabajador neto, ordenado, cuidadoso y puntilloso en su quehacer diario. Su mesa es el más puro reflejo de su meticuloso orden. "Nunca trabajo con varios expedientes en la mesa, porque eso puede inducirme a error". Manuel Gutiérrez Barragán es un funcionario de Justicia con 38 años de experiencia a su espalda, a punto de jubilarse, que ahora se verán recompensados con un reconocimiento tan importante como es la Medalla de Plata del Mérito a la Justicia de la Orden de San Raimundo de Peñafort.

Pese a que no quiere que digan de él que es un funcionario ejemplar, "hay muchos compañeros que trabajan mucho y muy bien", esa es la impresión que tuvo que llevarse la inspectora del Consejo General del Poder Judicial en la revisión que realizó al Juzgado de Instrucción número 19 de Sevilla. Allí, desempeña su labor Manuel desde hace once años, encargándose de las ejecutorias (el trámite judicial para hacer cumplir lo dictado en sentencia), un término repetido hasta la saciedad en los medios de comunicación tras conocerse el retraso en la que debía encarcelar al presunto asesino de Mari Luz en prisión. "Las ejecutorias son muy complicadas, porque llevan muchos trámites", explica Manuel, aunque él se conoce al detalle todas y cada una de ellas.

Fue precisamente el "absoluto control" y la "tramitación ejemplar" de las mismas la que llevó a la propia inspección a proponer para él la medalla, una distinción creada en 1944 por el Ministerio de Justicia para reconocer las labores destacadas en el mundo del Derecho. Y es que este funcionario lleva al día las ejecutorias y conoce perfectamente en qué estado se encuentra cada una de ellas. "¿Es que usted se sabe de memoria los expedientes?", le llegó a preguntar la inspectora. Su truco: hacer pequeñas anotaciones en las carpetas de cada caso con todo lo más importante. A los casos problemáticos los marca con una cruz, "así sé si tengo que darle preferencia frente a otros". Hasta la juez ya conoce sus técnicas y lo que significa una cruz en el expediente.

Dicen que cada maestrillo tiene su librillo y el suyo lo aprendió de Francisco Trujillo, un funcionario con el que coincidió cuando estaba destinado a Magistratura del Trabajo, hoy juzgados de lo Social, y del que "lo aprendí todo". De hecho, el día de la imposición de la medalla, el próximo 16 de enero, tendrá un recuerdo para él "porque se la tenían que haber dado".

Y es que Manuel siente que la medalla "es un orgullo personal y un reconocimiento a su trabajo", con la que además podrá poner el broche de oro a su carrera, pero cree que ha sido "suerte, porque se han fijado en mí, pues tanto en este juzgado como en otros hay funcionarios que trabajan mucho". La prueba: ha fichado a las 6.55 horas, una hora antes de la fijada para entrar, y casi todos los días se va cerca de las cuatro de la tarde, "y como yo, muchos compañeros", sin cobrar ninguna hora extra. Pese a este esfuerzo, el mismo reconoce que el caso Mari Luz "puede repetirse", porque faltan medios, "entre otras cosas, no se cubren las bajas a tiempo".

Es precisamente esta sobrecarga de trabajo una de las razones que llevan a Manuel a jubilarse a los 60 años. "Esto está cada vez peor y lo malo es que cada vez nos enfrentamos a gente con menos respeto a la Justicia", explica mientras recuerda varios episodios desagradables que ha tenido que vivir en el juzgado. "Han llegado incluso a dar un puñetazo en mi mesa. Aquí hay que saber tomarse las cosas con calma", por ello ya hace varios años que prefiere no hacer las guardias de su juzgado.

El otro gran motivo que le lleva a dejar la que ha sido su gran dedicación durante 38 años es su familia. "No he podido disfrutar de mis hijas y no quiero perderme a mis nietos". Desde los 15 años Manuel, nacido en Los Palacios, está trabajando "de sol a sol", pues ha llegado a tener hasta tres empleos al mismo tiempo. Comenzó en una empresa de nivelación de terrenos, tras haber salido del seminario, donde ingresó con 11 años. A los 22 años ingresó en Magistratura, donde ha estado destinado durante 27 años.

En su juzgado, tanto la juez como sus compañeros lamentan que se retire en febrero, pues admiran su profesionalidad y su eficacia. Él cree que ya es hora de llevar una vida más tranquila, centrada en su familia.

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