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El Estado en la cabeza

De Fraga, ministro de Franco, padre fundador de la derecha articulada, y protagonista creador de figuras tan trascendentes en la historia del Reino, como el plato combinado turístico, los desmanes de estado de Vitoria o el baño redentor de Palomares, sus...

el 16 sep 2009 / 06:52 h.

De Fraga, ministro de Franco, padre fundador de la derecha articulada, y protagonista creador de figuras tan trascendentes en la historia del Reino, como el plato combinado turístico, los desmanes de estado de Vitoria o el baño redentor de Palomares, sus hagiógrafos dicen que le cabe el Estado en la cabeza. Muy al contrario se podría decir de sus sucesores, o al menos de esta generación en el poder a la que no le cabe en la cabeza lo que significa el Estado (mucho menos el plurinacional y común). No es un hecho aislado, o en la boca de una dirigente en concreto, sea la Cospedal, en pleno calentón estival de relleno de páginas. Hace muy poco, su runner política, la Aguirre, emprendía el mismo sentido de marcha en su discurso, luego tentativamente corregido, ante la sonrisa bobalicona de Rubalcaba, con un cumpleaños feliz, desentonado como sus palabras, pero menos con letra.

Las gravísimas acusaciones de Cospedal, sin remediar por su jefe Rajoy, de que la policía investiga, en el peor sentido de la palabra, a los dirigentes de PP no es menos grave que otras sobre la parcialidad de la Fiscalía del Estado, la judicatura, muy en particular las recaídas en jueces que no les convienen o las constantes alusiones insidiosas en la lucha contra ETA. El totum revolutum de la sospecha y descrédito institucional, a manera de tinta de calamar acosado por los errores propios, desestabilizan de manera artera el orden y prestigio de las instituciones democráticas. Desde luego que la zozobra es celebrada por los defensores del desorden democrático, de memoria frágil para sus fechorías pero imborrable para sus víctimas, y es peligrosa teniendo en cuenta que, un día el PP puede gobernar.

Preocupante porque desconocer la separación de poderes no es un error, es una tara irremediable para todo aquel que quiere ser considerado como un demócrata. El PP tiene derecho a defender su honorabilidad y la de sus dirigentes pero también la obligación de hacerlo de cara al pueblo, con sus instituciones, respetando las reglas, demostrando que es un partido en el que se puede confiar.

Licenciado en Derecho y Antropología

aroca.javier@gmail.com

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