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El Estado y Mari Luz

Que los niños y las niñas son nuestro capital más preciado, nuestro mayor tesoro, es algo en lo que todos coincidimos. Pese a lo cual, nos sorprendemos con peligrosos cabos sueltos en su cuidado, lo que acarrea graves consecuencias, algunas irreparables, como la muerte de Mari Luz.

el 15 sep 2009 / 02:28 h.

Que los niños y las niñas son nuestro capital más preciado, nuestro mayor tesoro, es algo en lo que todos coincidimos. Pese a lo cual, nos sorprendemos con peligrosos cabos sueltos en su cuidado, lo que acarrea graves consecuencias, algunas irreparables, como la muerte de Mari Luz. Lo ocurrido deja claro que no funciona el sistema de garantías que creíamos en vigor y que quien prioriza, dentro de una justicia injusta por lenta, no ha detectado la dejación del deber de proteger a los más indefensos. Lo tiene claro el padre de la niña asesinada. Juan José Cortés sabe que ante hechos tan graves, como lo que parece una cadena de negligencias, de fallos humanos y del sistema del judicial, que ha provocado varias víctimas, alguien debe rendir cuentas. Y hablamos de un hombre ecuánime, un ejemplo para todos, tanto cuando demanda justicia, como cuando reconoce dudas, las mismas que tiene la sociedad, sobre qué hacer con los delincuentes sexuales reincidentes. Todo el país le respeta y admira porque el dolor no le haya hecho perder la calma, porque es exigente pero cabal y porque no dudó en ser el primero en rechazar la violencia y los intentos de venganza.

Carga así con el Estado de Derecho sobre los hombros y merece que las altas autoridades se lo reconozcan. Quizás el Presidente Zapatero, o la Vicepresidenta De la Vega, encuentren un hueco en la agenda y hagan lo que saben y deben hacer, pero que aún no han hecho. Que asuman un compromiso de hacer justicia a Mari Luz, juzgado al culpable y evitando que el sistema judicial vuelva a dejar indefensos a los más vulnerables.

Periodista

opinion@correoandalucia.es

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