Cofradías

El eterno pulso que la calle Feria le echó a los cielos

Monte-Sión dilató su decisión en la búsqueda de un claro que nunca llegó.

el 21 abr 2011 / 20:02 h.

La hermandad de Monte-Sión le echó un pulso al tiempo y perdió. O ganó, según se vea, porque tal era la tromba que se avecinaba que no podía arriesgar ni su patrimonio ni la seguridad de sus cientos de pequeños nazarenos. Hasta dos horas se encerró la junta de gobierno para deliberar, recopilando todos los partes meteorológicos posibles e incluso recurriendo a la gran sapiencia del predictor de moda, Antonio Delgado.

Se agarraban al claro que iba a asomar a media tarde y también al margen dejado por la decisión de Las Cigarreras y Los Negritos de no hacer su estación de penitencia. Con ese panorama, lejos quedaba todo debate sobre la permuta de horarios que, por un año, iba a realizar con La Exaltación y cuyos truenos han llegado a oídos del Vaticano. El tiempo era todo suyo. De puertas para afuera de la capilla la sensación era distinta.

Entre una hilera de paraguas, que se abrían y cerraban al antojo del cielo, aguardaban padres, costaleros y tres valientes que se atrevieron con la mantilla. Todos negaban con la cabeza. "Si sólo da tiempo a llegar a la Catedral es mejor ni intentarlo", comentaba a las puertas de la casa de hermandad José Rangel, un costalero que pensaba en sus hijas, Ainhoa, de 5 años, y Aitana, de 18 meses, nazarenas de la cofradía de la calle Feria que esperaban con la ilusión de todo el día. Un tímido claro envalentonó al personal, más si cabe cuando, 30 minutos después del horario de salida previsto, retumbaban por la calle Alberto Lista los sones de la marcha Llegó la redención, interpretado por la banda del mismo nombre que acompaña a la cruz de guía de Monte-Sión. Pero sólo fue un espejismo. Un último aguacero, ya pasadas las 17.30 horas, apagó todo esfuerzo y toda espera.

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