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El exilio de los mejores cerebros

El Centro de Estudios Andaluces y la Universidad Hispalense rinden tributo a los catedráticos y profesores expulsados por el franquismo.

el 28 mar 2014 / 23:51 h.

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exilio cerebrosEn 1936, la Universidad Hispalense constaba solo de cuatro facultades –Filosofía y Letras, Derecho, Medicina y Ciencias– y algunas escuelas adscritas como la de Magisterio; su número de profesores se contaba por decenas (ahora son 4.000); y los alumnos por centenares (hoy son 60.000). Tras el alzamiento militar y el triunfo del régimen franquista, todos esos profesores tuvieron que pasar por un proceso de depuración, una investigación en la que «por encima de si eran buenos o malos dando clases lo que importaba era su ideología» y muchos acabaron con un expediente de expulsión de la Universidad e incluso del país, especialmente en la Facultad de Derecho, donde varios catedráticos y docentes habían sido diputados en el Gobierno republicano. Se cumplen 75 años del exilio republicano que afectó a 50.000 andaluces, entre ellos los intelectuales y científicos del mundo académico, una verdadera «fuga de cerebros» que abrió «la etapa más negra de la Universidad en España» y de la que se beneficiaron países latinoamericanos en los que los profesores que la España franquista expulsó se convirtieron en un pilar esencial para sus universidades, según el catedrático de Historia Contemporánea de la Hispalense Leandro Álvarez. El Centro de Estudios Andaluces y la Hispalense homenajearon ayer a estos profesores exiliados con una jornada en la que participaron Álvarez, la profesora Inmaculada Cordero, la catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Huelva Encarnación Lemus, la vicedecana de Relaciones Institucionales de la Facultad de Geografía e Historia, María del Carmen Fernández, y la directora del Centro de Estudios Andaluces, Mercedes de Pablos. Durante su ponencia, Leandro Álvarez hizo un recorrido por los nombres que perdió la Hispalense, de la talla del poeta Jorge Guillén, el fundador de la Institución Libre de Enseñanza Francisco Giner de los Ríos, el descubridor del Tesoro del Carambolo Juan de Mata Carriazo, el jurista Demófilo de Buen, el catedrático de Medicina Rafael Calbo –el único profesor de la Universidad de Sevilla que fue fusilado en Cádiz, ya que a muchos el golpe les pilló fuera de la ciudad– o el de literatura Juan María Aguilar, que acabó convirtiéndose en el gran impulsor de la recién fundada Universidad de Panamá y creador de la moderna escuela de historiadores panameños. «Nunca sabremos los premios Nobel que hubiera dado la Universidad de Sevilla si no se hubieran marchado porque nunca ha habido una generación de gente tan preparada. Eran los mejores de la Universidad española y habían completado su formación en las mejores universidades extranjeras», según destacó Álvarez, para quien «el peso de este exilio cultural fue fundamental en América». En esos países, donde murieron la mayoría, obtuvieron el reconocimiento que se les negó en su tierra y fueron México, Colombia o Estados Unidos los que aprovecharon su talento.

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