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El extremismo frente a la reforma

Irán decidirá hoy en sus elecciones si concede la confianza al actual mandatario, el ultraconservador Mahmud Ahmadineyad, o en cambio cede el testigo al independiente pro reformista Mir Husein Musaví. Los comicios están marcados por el enfrentamiento social y la crisis. Además, hay una oferta de diálogo de EEUU.

el 16 sep 2009 / 04:09 h.

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Irán decidirá hoy en sus elecciones si concede la confianza al actual mandatario, el ultraconservador Mahmud Ahmadineyad, o en cambio cede el testigo al independiente pro reformista Mir Husein Musaví. Los comicios están marcados por el enfrentamiento social y la crisis. Además, hay una oferta de diálogo de EEUU.

Tras dos semanas de dura campaña electoral, enturbiada por una serie de ataques personales sin precedentes en la historia de la revolución iraní, la sociedad se ha dividido entre quienes apoyan al presidente y aquellos que simplemente quieren que se vaya. Ahmadineyad parece contar con el respaldo de los sectores más conservadores del régimen, el Ejército, las zonas rurales y las clases sociales más desfavorecidas, pese a que no ha podido cumplir las promesas económicas que le llevaron al poder en las elecciones de 2005.

Enfrente, el ex primer ministro Musaví se perfila como su principal amenaza, una vez que ha conseguido resucitar la ilusión de los jóvenes y desatar una especie de "revolución por el cambio" que se ha contagiado a todos los puntos del país. Musaví, que dirigió el gobierno entre 1981 y 1989, ha sido capaz de aglutinar en torno a su candidatura a los jóvenes que esperan un giro tanto en la economía como en las costumbres, y a aquellos conservadores descontentos con Ahmadineyad pero que recelan de la etiqueta de reformista.

En un país donde las encuestas no son fiables, los pronósticos apuntan a que el ex primer ministro podría salir vencedor en las grandes ciudades, mientras que Ahmadineyad ganaría en los suburbios y en las zonas rurales. Las claves serán, no obstante, el índice de participación -que las autoridades esperan muy elevado- y la cantidad de votos que arrastren los otros dos candidatos, que han sido igualmente muy críticos con el presidente. El sufragio del país asciende a 46 millones de personas.

Según la ley electoral iraní, los aspirantes deben lograr más del 50% de los votos emitidos y considerados válidos para ser elegido en primera votación. En caso contrario, los dos candidatos más votados deberán librar una segunda vuelta, ya prevista para el próximo viernes. Los resultados serán dados a conocer el sábado por el ministerio de Interior, aunque después deberán ser validados por el poderoso Consejo de Guardianes.

De acuerdo con los expertos, la presencia de cuatro candidatos dificulta que uno de ellos pueda superar ese límite del 50% exigido. Lo único que parece seguro es que, gane quien gane, tendrá que hacer frente a uno de los gobiernos más complicados en los treinta años de República Islámica. La crudeza de la campaña electoral, plagada de desacreditaciones y acusaciones personales, y la marea de ilusión y atrevimiento entre la juventud que ha despertado Musaví, auguran un año agitado para el futuro presidente.

Ante la posibilidad de que pueda convertirse en el primer mandatario en la historia reciente de Irán, Ahmadineyad optó el pasado miércoles por una agresiva estrategia que incluyó ataques directos contra el ex presidente Ali Akbar Hashemi Rafsanyaní, uno de los hombres más ricos y poderosos del país. El líder conservador acusó al clérigo de corrupción y de haberse aliado con el también ex presidente, Mohamed Jatamí, y el candidato Musaví para desprestigiar y derrocar su gobierno.

La campaña electoral iraní, una de las más duras que se recuerdan, ha disparado también el uso de los mensajes cortos de móvil (SMS), convertidos en la principal herramienta de movilización del electorado.

Según confirmó ayer la compañía nacional iraní de Telecomunicaciones, sólo el pasado martes, penúltimo día de campaña electoral se registró un incremento de más de 35 millones de mensajes de telefonía móvil enviados. "Antes de que arrancara la campaña a la presidencia se calcula que se enviaban entre 65 y 70 millones de sms, tras el inicio de la campaña esa cifra se ha elevado finalmente a los 110 millones", aseguró Davoud Zareian, relaciones públicas de la compañía estatal de teléfonos.

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