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El falso mito del corporativismo

Cada día me siento más indignado con el tratamiento mediático que se está dando al trágico caso de la muerte de la niña Mari Luz Cortés, lo que viene atizado por la impresentable actitud de gran parte de la clase política española a la que, por un lado, se le llena la boca reconociendo y respetando la independencia...

el 15 sep 2009 / 12:07 h.

Cada día me siento más indignado con el tratamiento mediático que se está dando al trágico caso de la muerte de la niña Mari Luz Cortés, lo que viene atizado por la impresentable actitud de gran parte de la clase política española a la que, por un lado, se le llena la boca reconociendo y respetando la independencia judicial, característica de cualquier Estado de Derecho democrático serio desde época de Montesquieu, pero por otro, no tiene reparo en hacer público escarnio de las decisiones judiciales cuando son contrarias a sus planteamientos de contenido populista.

Esa falta de respeto nos reduce al papel de dictatorial república bananera, acudiéndose a excusas de corporativismo de los jueces, para enmascarar errores, deficiencias y responsabilidades, e ignorando que los jueces hace tiempo perdimos el privilegio del antejuicio, podemos ser denunciados por cualquier justiciable molesto o vengativo y que estamos sometidos al más duro régimen sancionador de la Administración.

Lo difícil no es juzgar a un juez, recordando a mi gran amigo Manuel Rico Lara, víctima de otro corporativismo que atiende a lo políticamente correcto. ¡Qué gran hipocresía! Lo difícil es juzgar a los políticos que se siguen escudando en un suplicatorio ante las cámaras a las que pertenecen y que suelen ser bastante corporativistas a la hora de mostrar clemencia hacia los suyos.

No me indignan los comentarios de familiares de la niña muerta que mezclan su dolor con su crasa ignorancia en Derecho, lo que me repugna es que son alentados por quienes deberían saber que el juez Tirado puede y debe, en su caso, ser exclusivamente sancionado por no atender diligentemente el cumplimiento de una ejecutoria, con independencia del resultado de la muerte, que de no haberse producido ni siquiera hubiera dado lugar a la incoación de ningún expediente, pues hubiera sido una consecuencia más del colapso estructural que sufren muchos juzgados y muchos jueces.

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