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El fin de las grandes obras financiadas con dinero público

Por primera vez, el presupuesto no generó divisiones en el Consistorio: no había recursos para ningún área

el 25 dic 2010 / 19:53 h.

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Presupuestos. Cualquier análisis sobre la situación económica del Ayuntamiento de Sevilla debe tener un punto de partida: el estado de las arcas municipales no es peor que el de otras grandes capitales. Casi todas las administraciones locales, con independencia de su color político, están igual de asfixiadas, muchas tienen planes de saneamiento en marcha, no es difícil encontrar en ellas disparates presupuestarios como la Encarnación y ninguna tiene para 2011 el refugio de los planes extraordinarios de inversiones y del endeudamiento, prohibido por el nuevo marco legal. En este escenario, el Consistorio ha puesto esta semana fin a un ciclo al presentar sus nuevos presupuestos. Se ha cerrado el paraguas de la inversión pública para atenuar el impacto de la crisis y se han acabado las grandes obras financiadas con presupuesto municipal. No habrá más tranvías, ni redes de carriles bici o peatonalizaciones. Y no sólo para el año que entra sino para un ciclo que durará al menos hasta 2012 gobierne quien gobierne en mayo. Si hasta ahora la administración presumía de que con su inversión se creaba empleo y se combatía la crisis, en 2011 se pasa al otro extremo: ahorro ante la nueva situación económica y que el empleo lo genere el sector privado.

 

Servicios básicos. La situación real de las arcas municipales es mala. El dinero que se va a ingresar en los próximos años se tiene que destinar exclusivamente a reducir las pérdidas que se arrastran, a pagar los créditos contraídos y, sobre todo, a mantener servicios básicos. Lograr que el transporte o la limpieza sigan prestándose a través de empresas gestionadas desde lo público es todo un reto que se lleva casi una cuarta parte del dinero del que dispone el Consistorio; y mantener a la plantilla municipal sin privatizar servicios absorbe un 40% de los recursos. Se puede mantener lo que hay, pero no crecer. La situación de las nuevas grandes infraestructuras de la ciudad es paradigmática: con los planes de inversiones se han construido bibliotecas, parques y recintos deportivos, pero no hay dinero para mantenerlos y muchos llevan meses cerrados.

 

Reparto. Esa es la realidad económica del Ayuntamiento por muchas promesas que se realicen en la inminente campaña. Ya no se trata de priorizar o de saber gestionar. No va a haber para inversiones a corto plazo y no se puede recurrir al endeudamiento. La escena que se vivió en el grupo municipal socialista el pasado miércoles es muy ilustrativa: durante los últimos años la presentación de las cuentas ha venido precedida de duras negociaciones y de un pulso entre sectores del partido, además de entre los dos socios de gobierno. Esta vez no ha sido así. Hacienda ha llegado con sus cuentas hechas y todos los delegados se quejaron por igual, lo que generó una paradójica unidad. Por primera vez no hubo rencillas ni enfrentamientos. "Mirabas a un lado y luego hacia el otro, y no había nadie que tuviera dinero", resumía un edil socialista. b Sector privado. Los tres grandes partidos ya lo han advertido. Las promesas electorales van a cambiar en 2011. Si no llevan aparejadas un plan de financiación, no son viables. Hasta IU está abogando por modelos público-privados. El PSOE de Juan Espadas ya ha advertido públicamente que no habrá grandes inversiones exclusivamente públicas, y el PP diseña sus planes de financiación antes de presentar propuestas. Las cuentas de Tablada se hacen contando con el sector privado, rehabilitaciones de edificios para pisos sociales se negocian con empresas e incluso las grandes reformas de barriadas se plantean en cooperación con el sector privado. El problema es que en Sevilla los antecedentes no invitan al optimismo: las concesiones para los parkings de residentes fracasaron; aún no hay colaboración empresarial para Fibes; Giralda TV ha acabado pagándose con los ahorros de otras áreas, y en la Encarnación la administración pone el dinero y quien se adueña del proyecto y lo explota es la empresa privada.

 

Responsabilidades. Para el PP este escenario es fruto de una mala gestión y del despilfarro. Dejando a un lado los excesos de un partido que hace su labor de oposición, sí es cierto que hay proyectos cuyo diseño económico es un lastre como la Encarnación o Fibes; que ha habido elecciones de prioridades de gastos cuanto menos cuestionables, que hay empresas que gastaron por encima de sus posibilidades cuando parecía que las arcas municipales no tenían fondo, como Tussam o Lipasam; y que la estructura del Consistorio está trazada en muchos casos sin rigor, y no porque sobre plantilla, sino porque hay sueldos sobredimensionados, se ha abusado de la figura del alto cargo y hay claros déficits organizativos.

fjalonso@correoandalucia.es

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