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El final del ajimez

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, varios países europeos encontraron en las líneas góticas un filón arquitectónico; triunfaba el historicismo y España halló una línea propia al plasmar en edificios los distintos estilos andalusíes.

el 15 sep 2009 / 02:16 h.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, varios países europeos encontraron en las líneas góticas un filón arquitectónico; triunfaba el historicismo y España halló una línea propia al plasmar en edificios los distintos estilos andalusíes. Así nació el neomudéjar, que llenó Europa de cafés-concierto que se llamaban Alhambra y sembró Sevilla de palacetes con arcos de herradura festoneados de azulejos de Mensaque. Un elemento imprescindible en estas construcciones fue el ajimez, la columna que, sosteniendo las piezas de dos arcos, partía la luz de las ventanas. La moda neomudéjar multiplicó los ajimeces e incluso llegó a ponerlos donde el verdadero mudéjar no los había colocado, por ejemplo, en la Casa de Pilatos.

Fue en medio de ese furor orientalizante cuando los Montpensier levantaron en sus jardines la casa del guardabosque, una especie de Queen Charlotte's Cottage de Kew Garden lleno de aires de la Córdoba califal que luego fue llamada Costurero de la Reina y que ha servido este año de musa a José Manuel Peña, creador de la portada de la Feria de Abril. El costurero, naturalmente, luce los consabidos ajimeces en sus ventanas, pero el diseñador los ha eliminado de su proyecto. Podría simbolizar el fin del largo círculo trazado por el historicismo pero, ¿no podría poner también el punto final a un estilo de portada cada vez más reiterativo y pasado de moda?

Antonio Zoido es escritor e historiador

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