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El fiscal mantiene la petición de ocho años para el parricida de Alcalá de Guadaíra

El Ministerio Público no ha desistido de su petición inicial, como tampoco lo ha hecho el abogado del acusado, Manuel Salinero, quien insistió en solicitar la libre absolución alegando legítima defensa y miedo insuperable, dos argumentos que el fiscal no acepta como eximentes.

el 09 jul 2010 / 18:12 h.

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El secretario y la presidenta el jurado popular antes de comenzar el juicio.
Tras cinco jornadas de juicio, la Fiscalía mantuvo ayer los ocho años de prisión por un delito de homicidio para el joven que mató a su padre en la madrugada del 1 de enero de 2008 en Alcalá de Guadaíra. El lunes, los miembros del jurado comenzarán a deliberar para emitir el veredicto.


La vista oral se cerró con las palabras de Antonio D.P., un joven ingeniero químico que trabaja en Tarragona, quien explicó que "siempre ha querido y que quiere a su padre" y que nunca había sentido un miedo como el de aquella noche, cuando vio que su padre encañonaba a su madre y que luego hacía lo mismo con él e intentaba clavarle una navaja. "En esta situación que me diga el fiscal si se puede meditar", dijo el procesado entre lágrimas, rebatiendo así la tesis del Ministerio Público de que la reacción de Antonio fue desorbitada y que, por tanto, no cabe la consideración de legítima defensa.

De hecho, el representante de la Fiscalía aseguró en su informe final que la reacción del joven se debió a que estaba seguro de que "sólo matando saldría de la situación en la que estaba envuelto", a lo que añadió que su abogado no puede alegar miedo insuperable, pues la familia del fallecido "se había acostumbrado a convivir con las armas", después de que éste se obsesionara con coleccionarlas por la psicosis bipolar que sufría.

En la jornada de ayer, los miembros del jurado también oyeron la grabación de la llamada que la hermana y la madre del acusado realizaron esa madrugada solicitando al 112 la presencia policial. En la misma, se pudo comprobar el nerviosismo de la hermana, a la que prácticamente no se le entendía. Ambas sólo eran capaces de decir que fuera la Policía a su casa porque su padre "iba a matarlos a todos". Aunque también estaba previsto que se visionara un vídeo con la reconstrucción de los hechos, finalmente no se hizo porque el fiscal renunció a esta prueba al considerar que los hechos habían quedado suficientemente claros con las explicaciones de los peritos y testigos. Es más, el primer día del juicio el acusado simuló in situ, con la ayuda de un maniquí, cómo fue la reyerta con su padre y cómo le clavó el cuchillo, una práctica nada habitual en los juicios orales, pero en la que insistió el fiscal. El joven tuvo que hacerlo visiblemente destrozado y entre sollozos.

Los hechos ocurrieron la madrugada del 1 de enero de 2008 cuando la víctima, Antonio D. G. de 57 años de edad, salió de su habitación con dos escopetas que disparó en el jardín para "vengarse" de los vecinos que no le dejaban dormir. El fallecido llegó a pedirle a la novia del acusado que se fuera "porque no quería hacerle daño", tras lo que encañonó a su mujer con las dos armas. Su hijo desvió la atención cogiendo una tercera escopeta, con lo que provocó que le encañonara a él. El joven, ante las amenazas del padre, le disparó, pero su padre no desistió y sacó una navaja con la que volvió a intimidar a su mujer.

Ésta se refugió con su hija en un cuarto, mientras el procesado redujo a su padre en el suelo. Sin embargo, cuando soltó la navaja le arrebató a su hijo un cuchillo jamonero que había cogido para defenderse, tras lo que el joven le apuñaló con la navaja.

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