Cultura

El flamenco en manos de los inevitables vaivenes políticos

el 09 jun 2011 / 19:41 h.

Los cambios políticos de un país deben de servir para que cambien las cosas, si puede ser para mejorarlo todo. En España se ha producido un cambio importante a raíz de las últimas elecciones municipales y autonómicas y, según todas las encuestas, el cambio gordo se completará en las próximas elecciones generales. En Andalucía vamos a tener también elecciones autonómicas el próximo año, si no hay adelanto electoral.

Serán en otoño, lo más probable en vista de cómo está el cotarro político. ¿En qué va a afectar este cambio al flamenco? Esperemos que sea para que haya más ayudas de las que hay en la actualidad y que éstas no sirvan para politizar lo jondo más aún de lo que ya lo está, que roza lo vergonzoso. Cuando un arte depende casi exclusivamente del dinero público para sobrevivir se tiende al dirigismo. Es lo que viene ocurriendo desde hace décadas. Dirigismo no sólo desde las instituciones públicas -Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, diputaciones provinciales y ayuntamientos-, sino desde las federaciones de peñas flamencas, la mayoría dirigidas por militantes de partidos políticos, como ocurre en la de Sevilla. El caso de la Federación de la capital de Andalucía es verdaderamente escandaloso. Nunca han estado las peñas flamencas tan politizadas como lo están en la actualidad. Aunque también es cierto que nunca han contado con tantas ayudas públicas.

Las peñas nacieron para ser lugar de reunión de aficionados y disfrutar de lo jondo en la intimidad y con total libertad de gustos. Hoy son manejadas por los políticos y sobreviven con las migajas de las instituciones públicas, de ahí que la Federación sea tan generosa a la hora de conceder su galardón Musa Flamenca, que nunca ha ido a la vitrina de ningún artista o investigador: de los cinco que se han concedido hasta ahora, tres han ido para los políticos y dos para Cruzcampo y Cajasol. ¿Éstas son hoy las musas del flamenco? El cambio político va a servir para que unos abandonen sus cargos y lleguen otros. Domingo González ya no es el director de la Bienal de Flamenco. Lo mismo habrá dado que lo haya hecho mal o bien a la hora de no mantenerlo en el cargo. Ha llegado la gaviota y se tiene que ir.

La Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco -ahora, Instituto Andaluz del Flamenco- se puede quedar como el palomar del Cortijo de Malajuncia: si Arenas llega a gobernar en la Junta no va a quedar ni un palomo en la Casa de Murillo. En los pueblos ocurre lo mismo que en las capitales. Los festivales de flamenco de los pueblos dependen también de los vaivenes políticos.

Ya les contamos lo que ha ocurrido con el festival de Viator, en Almería: estaba todo hecho, pero ha llegado la gaviota y lo ha parado todo. Suponemos que estará ocurriendo lo mismo en aquellos pueblos donde el cambio ha sido de otro color político, claro está. Menos mal que el flamenco es un superviviente nato que ha sabido sobrevivir a repúblicas, dictaduras bananeras y, ahora, en democracia, que es cuando más ha crecido. Sentiríamos mucho que hubiera un retroceso en cuanto a la dignificación de este arte y, sobre todo, en el trato a sus verdaderos protagonistas, que han sido, son y serán siempre los artistas.

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