Cultura

El flamenco pierde la personalidad única de Chano Lobato

Ya cuando murió Antonio Núñez 'Chocolate' los aficionados al cante se resistían a señalar al que quedaría desde ese momento como último eslabón de una generación de cantaores que cambiaron para siempre el rumbo del cante flamenco. Los peores presagios se confirmaron ayer con la pérdida de Chano Lobato, la última de las grandes figuras de este arte.

el 16 sep 2009 / 00:59 h.

Ya cuando murió Antonio Núñez 'Chocolate', en un sofocante mes de julio de 2005, los aficionados al cante se resistían a señalar al que quedaría desde ese momento como último eslabón de una generación de cantaores que cambiaron para siempre el rumbo del cante flamenco. Lo peores presagios se confirmaron en torno a las once de la noche de un Domingo de Ramos atípico. El flamenco pierde a Chano Lobato, la última de las grandes figuras de este arte.

Chano había nacido en diciembre de 1927. Un mes y un año que pasarían a la historia de la literatura universal después de que un grupo de jóvenes poetas, imberbes y atrevidos, enamorados de las más profundas formas de expresión popular, pasaran por el Ateneo de Sevilla para dar inicio a la Edad de Plata de las letras españolas. Quizás ese duende, esa brisa de genio y singularidad alcanzara el gaditanísimo barrio de Santa María donde nació Chano Lobato como Juan Miguel Ramírez Sarabia. Sólo así se explica que este cantaor no gitano estuviera en posesión de la jondura integral y de la gracia plena, la que demostró, con su cuerpo ya consumido, frágil y quebradizo, hasta el último momento. Desde primeras horas de hoy se le rinde homenaje en el Tanatorio de la SE-30 de Sevilla, a donde fue conducido esta madrugada, sin que al cierre de esta edición se conociera si el Ayuntamiento tenía pensado instalar su cuerpo en una capilla ardiente.

Chano fue, casi lo es aún, con la dificultad que entraña hablar en pasado de este genio que desapareció hace tan sólo unas horas, un cantaor total pese a no tener apenas antecedentes familiares en el flamenco. Hubo quien lo tomó por gitano, pero no lo es. Nació, eso sí, en Santa María, y allí convivió desde niño con toda la gitanería gaditana. Ni siquiera conservaba una idea precisa de su inicial contacto con el arte flamenco. "Me encantaba bailar desde chiquillo, porque yo bailaba. De niño bailaba, daba mis vueltecitas. Me acuerdo que me decía Ignacio Espeleta que era el cohete, cohete, porque bailaba mu nervioso. Tó esto te estoy hablando de chiquillo, cuando tenía cinco o seis añitos", contaba en una entrevista reciente el maestro a la web flamenco-world.com.

Después vinieron las fiestas en las ventas, y Chano tuvo oportunidad de oír a los más grandes cantaores de aquel tiempo en Cádiz. Pasó del baile al cante, primero para acompañar a los bailaores -en lo que ha sido quizás el mejor de la historia- y desde hace décadas ya en solitario. El dato de que acompañó durante dieciséis años al bailarín Antonio es significativo sobre su bondad para el baile. Y sin embargo como cantaor de alante es largo, lo canta prácticamente todo y casi todo muy bien, de la siguiriya a las tonás, la farruca y el garrotín, los cantes de ida y vuelta , y por Cádiz es un maestro indiscutible. "Y a toda la gama estilística, Chano Lobato le injerta su personalidad, entregándose cada noche al rito del cante con verdadera intensidad anímica. De ahí que los oles se sucedan a lo largo de sus numerosas actuaciones y el público vibre con su enduendada forma de decir la copla ", explican sus biógrafos. En 1986 mereció, en mérito a su trayectoria artística ejemplar, la III Distinción Compás del Cante.

Pero casi tan importante como su cante fue su sentido de la gracia gaditana, Chano Lobato se ganó el corazón de todo el orbe flamenco con su sabiduría popular y un gracejo a día de hoy insuperable. La cronista recuerda al de Santa María en una pequeña charla entre amigos, animado por los colegas a recordar toda suerte de anécdotas en años de tablaos y mala vida. Quiso la memoria de Chano recordar un capítulo con Ava Gardner, cuando la estrella lo tiró de un coche en marcha para quedarse a solas con Luis Miguel Domínguín. El de Cádiz, en el suelo, vencido y humillado por la diva, sólo acertó a decir: "Ajolá te maten los indios? en tu próxima película". Chano Lobato se nos ha ido, casi seguro, con la mejor de sus sonrisas.

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