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Cultura

"El franquismo y los mercados son lo mismo"

Entrevista a Ángel Petisme, músico y poeta. El zaragozano presentó en Sevilla su nuevo libro, ‘El lujo de la tristeza’, y también su nuevo disco ‘El ministerio de la felicidad’.

el 01 dic 2014 / 13:00 h.

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Ángel Petisme, un creador inquieto de paso por Sevilla. / El Correo Ángel Petisme, un creador inquieto de paso por Sevilla. / El Correo Ángel Antonio Muñoz Petisme, de Calatayud y de 1961, defensor de todas las causas perdidas y de algunas que todavía están por ver, es un polifacético creador que presentó en Sevilla su último poemario, El lujo de la tristeza, y su disco más reciente, El ministerio de la felicidad. —¿Poeta que canta o cantante que escribe? —Ambas cosas, pero me siento más la primera, porque comencé con 12 años a escribir y poco más tarde en el internado había una guitarra y los esculapios me dijeron: Petisme, le ha tocado cantar el Kumbayá en misa... —¿Dónde termina el arte y empieza el activismo? —En mi caso siempre lo que me lleva a escribir, componer o hacer una tortilla de patatas es el arte, mejor dicho la artesanía, que es la fase vocacional, de amor al oficio. Antes de pensar en el mercado, primero siempre el hedonismo. Y luego si esa canción o poema sirven para una causa, para despertar alguna conciencia, para echar una mano, yo como ciudadano no me puedo negar. Enfrentarse a una página en blanco como un activista es un error, acabas construyendo un artefacto explosivo que ni tú mismo controlas. —¿Es la hora de que los cantantes den un paso al frente? —Los cantantes que viven en sociedad, que tienen hijos o son hijos, no pueden mirar a otro lado: a sus padres les van a dejar con una pensión de mendigos y una silla de La caridad y a sus hijos les han hipotecado el futuro y los van a ver una vez al año cuando vuelvan de la emigración. Yo nunca tuve ese dilema, siempre he estado en la trinchera cuando se me ha necesitado. Seguramente porque mis padrinos en la música, Labordeta, Aute, ya venían de otras trincheras, que al final son las mismas. El franquismo y la dictadura de los mercados y las corporaciones son la misma cosa. —Sobre su nuevo poemario: ¿hay algo de desengaño en él, o son figuraciones mías? —Hay un punto meditabundo y de cierta sabiduría que dan los años. La parte segunda del libro es más desengañada, claro, es la Casa del Duelo, la pérdida del amor, del orgullo, de la autoestima. Pero luego el libro remonta y recobra o se inventa la esperanza. Después de 30 años de poeta ya no soy el enérgico optimista adolescente. A veces, uno también tiene derecho a sentirse un héroe cansado. Permitirnos el lujo de la tristeza de cuando en cuando nos rearma para seguir viviendo y resistiendo. —El mapa poético español se ha polarizado mucho. ¿Dónde colocamos a Petisme? —A mí ponme al lado de Carlos Edmundo de Ory, de Miguel Labordeta, de Cernuda, de Claudio Rodríguez o Gil de Biedma. Yo voy con los buenos y con los raros siempre [risas]. Con mis coetáneos me llevo bien con todos aunque no participe de capillas y me ponga a la sombra de sus etiquetas. Eso, por supuesto, me ha quitado protagonismo, pero es que no veo estéticas poéticas muy diferentes sino gente que se pelea por el trozo del pastel y clientelismo. No hay nada peor que un poeta con mala follá, que se preocupa más por lo de fuera que por escribir como dios.

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