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El frescor que rescata la Feria

Los quioscos del agua vuelven a estar de actualidad gracias al diseño de la portada 2014. Estas estructuras nacieron para solucionar problemas de abastecimiento a finales del siglo XIX

el 03 ago 2013 / 20:46 h.

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portada feria 2014Durante décadas formaron parte del paisaje de Sevilla, aunque ahora cueste recordar cuál era su función. Menos mal que la portada de la Feria de Abril de 2014 –bueno más bien de mayo, pues se desarrollará íntegramente en este quinto mes– ha desempolvado estas joyas decimonónicas del mobiliario urbano con un diseño singular del arquitecto técnico Gregorio Esteban, presentado hace unas semanas. Pero, ¿qué eran estos quioscos o puestos de agua?, ¿cómo surgen?, ¿se conserva alguno? El archivo municipal cuenta con varias fotografías en blanco y negro que ponen de manifiesto la importancia que tuvieron estas estructuras hasta la década de los años veinte del siglo pasado. Frente al Palacio de San Telmo, en la Alameda de Hércules, en la actual Plaza de San Francisco, en el Paseo Colón... El censo de estos puestos es tan extenso como los usos que asumieron desde su implantación a finales del siglo XIX. En la publicación Puestos de agua en Sevilla (1985), Juan Miguel Salado-González relata la historia de estos centros a los que la gente acudía a echar un trago de agua fresca del cántaro que custodiaba la popular figura del aguador sevillano –motivo central de una pintura conocida de Velázquez–. kiosko agua portada feria                 Salado expone que se localizaban en las zonas de mayor tránsito de viandantes, y que vivieron su edad dorada al finalizar el siglo XIX, coincidiendo con el éxodo masivo del campo a la ciudad que abarrotó las calles de Sevilla de trabajadores y familias humildes que aspiraban a una vida mejor. “Los problemas serios de abastecimiento de agua impulsaron la construcción de estos quioscos, en principio en madera y de planta hexagonal con clara inspiración francesa, que, con el paso del tiempo –a principios del siglo XX– derivaron en edificaciones más sofisticadas, en hierro y otros materiales de forja”, resume el autor de la portada 2014, lector reincidente de la citada publicación. Este cambio en los materiales vino acompañado de una nueva demanda. El cliente ya no venía sólo a beber agua, sino que también exigía otros líquidos refrescantes, como la zarzaparilla, el agraz (jugo de uva verde), la horchata, jarabe de corteza de sidra, granizadas, aguas con anises o el aguardiente de Cazalla. Es entonces cuando “la gente acude a estos sitos a tomar el fresco en verano y el sol en invierno”, poniéndose las bases de la actual cultura de la terraza (con los primeros veladores incluidos), como se ve en una foto del puesto que había en la Alameda. Precisamente, el de la Alameda y otro que tampoco se conserva hoy en día –el emplazado frente al Palacio de San Telmo– han servido de inspiración de la portada del Real. Esteban explica que se acordó de lo que había leído sobre los quioscos del agua: “Pensé que si quería ganar, tenía que buscar algo original. No visto antes, pues algunas construcciones de la ciudad se han reproducido montones de veces”, confiesa el arquitecto técnico, quien reconoce que en su primera vez como participante del concurso vio que “los quioscos del agua daban bastante juego”. A partir de 1925 fueron desapareciendo con las primeras canalizaciones que llevaron el agua corriente a los hogares. En la Macarena o el Paseo Colón se mantienen dos de los pocos vestigios de estos puestos que décadas después vuelven a ser un reclamo refrescante. Eso sí, ahora en Los Remedios e incluyendo el rebujito en la carta.

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