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"El Gobierno aún no sabe cómo controlar a la Iglesia en la escuela"

La profesora fue despedida por el Obispado de Almería por casarse con un divorciado. Recurrió a los tribunales y el Constitucional acaba de darle la razón.

el 24 abr 2011 / 19:02 h.

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La profesora Resurrección Galera, en su casa de Níjar.
A sus 46 años, Resurrección Galera Navarro regenta un hotel rural en Nerja (Almería), cerca de Cabo de Gata. Esta Semana Santa ha estado al completo. El martes pasado, cuando estaba a punto de servir el desayuno a sus clientes, nacionales y extranjeros, escuchó su nombre en la radio y casi derrama la cafetera y el zumo. Hace diez años fue maestra de religión en un colegio público de Almería. El Obispado la despidió al enterarse de que se había casado por lo civil con un hombre divorciado. Ella presentó recursos durante años. Casi se había olvidado del asunto cuando el Tribunal Constitucional ha anulado las sentencias que avalaron aquel despido y ofrecido amparo a Resurrección.

 

-¿Espera que el Tribunal de lo Social de Almería declare nulo su despido?
-Espero que sí. No sólo por mí. Hay compañeros que también fueron a juicio y se animaron a denunciar. Y otros que lo harán ahora. No es fácil, ¿sabe? Hay un miedo natural a enfrenarse a una institución tan poderosa como la Iglesia. No es cualquier cosa. Yo lo pienso ahora y no entiendo cómo decidí seguir adelante. Además, en una sociedad como la nuestra, en la que enseguida abandera tu causa alguien que no cree en lo que tú crees. Yo sigo teniendo las mismas creencias que entonces.

-Comparte usted esas creencias con quienes la despidieron. ¿Nunca se lo ha replanteado?
-(Silencio) Me lo han preguntado muchas veces. Entiendo que lo hagan. En el pasado he respondido más enfadada. Pero la fe no depende de determinadas personas ni de las decisiones que tomen. Esto no tiene nada que ver con la fe religiosa. A nosotros nos ha apoyado mucha gente de la Iglesia de base.

-Si los jueces anulan su despido, ¿volverá a ejercer en la enseñanza?
-Es pronto para decidirlo, dependerá de la opción que me den los jueces. Mi abogada aún no sabe qué pasará. No voy a negarle que la educación me encantaba y me encanta. En realidad nunca lo he dejado, soy educadora infantil. Estuve siete años trabajando como profesora de religión, cinco de ellos sin contrato y sin estar dada de alta. Conseguí con mucha lucha que regularizaran mi situación y que me contratara el Ministerio de Educación, no el Obispado, claro.

-¿Sólo ha impartido religión?
-Sobre todo religión, sí. Pero también he dado clases de inglés, por mi cuenta, y de educación infantil para los más pequeños.

-¿Recuerda cómo la seleccionó el Obispado de Almería? ¿Cómo logró la declaración de idoneidad para dar religión?
-Yo tenía una diplomatura en Graduado Social y era catequista. El Obispado me dijo que tenía que estudiar Teología y Pedagogía si quería la plaza, y lo hice. Mientras trabajaba, estuve estudiando tres años de Teología, más uno de Pedagogía.

-¿Le hicieron alguna pregunta sobre su vida personal?
-No hubo preguntas personales entonces. Sólo me dijeron qué debía estudiar, y me hicieron firmar un nombramiento.

-¿Cómo se enteraron de que se había casado por lo civil con un hombre divorciado?
-No sé cómo se enteraron. Un día el Obispado me citó en su despacho y me dijo que le habían dicho que yo estaba casada por lo civil con un señor divorciado. Le dije que sí, que me había casado porque no quería convivir con Johanes (Romes) sin estar casados. Insistí en que nos casaríamos por la Iglesia en cuanto Johanes consiguiera la anulación de su primer matrimonio. Pero no se me escuchó. Me explicaron que a pesar de ser una buena profesional y de tener un gran currículum, tenían que prescindir de mí. Después de siete años, no tuve ni finiquito ni indemnización.

-Las administraciones educativas han aplaudido el fallo del Constitucional, aunque también eran parte demandada. ¿Pidió entonces su ayuda?
-Con la administración no tuve apenas trato. Lo intenté al principio, pero me dejaron claro que en las relaciones entre Educación y la Iglesia había un vacío legal que no sabían cómo resolver. El Gobierno todavía no sabe cómo controlar lo que la Iglesia hace y deshace en las escuelas. Es una situación tercermundista que aún no han resuelto del todo. Sólo la Iglesia puede actuar al margen de la ley. De todas maneras, sí me sentí muy arropada por los padres, los alumnos, la Iglesia de base, las asociaciones de teólogos liberales y de padres católicos divorciados, compañeros de clase...

-¿Siguió la polémica de Educación para la Ciudadanía? ¿Le recordó en parte a su caso?
-No he seguido mucho el tema, pero creo que es compatible una cosa con la otra. Los padres tienen derecho a decidir la educación de sus hijos. Pero la educación es otra cosa: yo no le voy a decir a los niños, esto es así, aunque yo lo hago de otra forma. No tengo por qué personalizar con mi ejemplo. Yo imparto conocimientos y valores, pero no hablo de mis valores personales con los alumnos, sino de valores comunes.

-¿Los valores de la Constitución son comunes, por ejemplo?
-Por supuesto.

-¿Y los valores de la religión católica?
-(Silencio) No para todos. Pero la religión es una asignatura voluntaria, aunque sea de oferta obligatoria en las escuelas.

-Su marido es alemán. ¿Cómo vivió todo el lío de su despido?
-(Risas) Él también es de una familia muy religiosa. Pero en Alemania, la Iglesia no tiene tanta presencia en la escuela. Johanes no entendió qué pasaba, pero yo tampoco. Me sentí tan alemán como él.

-¿Sabe que el Obispado de Almería interpreta que la sentencia avala su potestad para despedirla?
-(Risas) Pueden interpretar todo lo que quieran, pero eso ya no depende de ellos, sino de la ley.

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