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El Gobierno chino quiere acabar con la sopa de aleta de tiburón

Campaña nacional para proteger a los escualos de los cada vez más numerosos goumets chinos, ya que este plato se considera allí una cumbre de la alta cocina.

el 20 jul 2010 / 17:29 h.

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China ha puesto en marcha una campaña nacional de un mes para promover la conciencia pública sobre la conservación de los animales marinos y en particular del tiburón, cuya aleta es muy apreciada para hacer sopa en la tradición culinaria local.

Según informa hoy el diario oficial China Daily, unos 79 millones de tiburones se pescan al año para abastecer la creciente demanda de sopa de tiburón en Japón, Singapur, Corea y del principal consumidor, China, donde existe poca conciencia conservacionista.

Aunque no existen estadísticas precisas sobre cuántos tiburones consume China, el presidente de Wild Aid, Steve Trent, aseguró que Pekín, Shanghái y Shenzhen son los principales consumidores.

Por este motivo, la campaña se inició en Pekín, y está organizada por la Administración de Flora y Fauna Acuática Salvaje, del Ministerio de Agricultura, y otro centenar de organizaciones ambientales de todo el país, que difundirán carteles y documentales a través de los numerosos acuarios del país.

"La gente de las grandes ciudades se puede permitir pagar aletas de tiburón, que son bastante caras", señaló Trent al diario Metro, y añadió que debido al crecimiento económico de China, cada vez más consumidores pueden pagar ese plato, por lo que es necesario educar a la población.

"La sopa de aleta de tiburón es parte de la cultura china y no esperamos que cambie de la noche a la mañana", agregó el ecologista.

La sopa, que en chino se llama yuchi, era bocado de emperadores desde la dinastía Song (960-1279), por lo que se considera un plato exquisito y con supuestas propiedades medicinales que lo hacen imprescindible en banquetes y como muestra de hospitalidad.

Sin embargo, las organizaciones protectoras de los animales alertan de que, por ser el tiburón un depredador en la cúspide de la cadena alimenticia, acumula un alto contenido en mercurio que puede producir malformación del feto o disfunciones sexuales, entre otras enfermedades, como sucede con el consumo de delfín en Japón.

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