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Cofradías

El gozo no fue pleno

La hermandad de Santa Marina decidió sacar a las calles sus imágenes pese al elevado riesgo de lluvia pero tuvo que volverse sin poder alcanzar la Catedral debido al agua.

el 20 abr 2014 / 09:57 h.

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Los pasos de la hermandad de la Resurrección en su templo. / Carlos Hernández Los pasos de la hermandad de la Resurrección en su templo. / Carlos Hernández Fue el peor final de todos los posibles para una Semana Santa gloriosa. Si la Sagrada Resurrección hubiera podido realizar ayer su estación de penitencia hasta la Catedral, estaríamos ante un año de pleno, de esos que ya muy pocos recuerdan sin tener que recurrir a un ejercicio de memoria. Los presagios meteorológicos vaticinaban lluvia para la última jornada, un 100% de probabilidades en algunos tramos del día. Sin embargo, la hermandad decidió retar al cielo y a los pronósticos, animada por una ciudad que ansiaba hacer pleno con la cofradía de Santa Marina y que esperaba para contemplar las imágenes titulares después de la limpieza a que fueron sometidas tras el susto causado por un fuego intencionado provocado por unos insensatos a las puertas de esta iglesia en las pasadas Navidades. Había además ganas entre los hermanos desde que el año pasado tuviera que suspenderse la salida debido al agua. Las horas previas a la salida fueron de incertidumbre y tensión. De esas que apenas se han vivido este año. En una reunión de última hora, la junta de gobierno de la Resurrección decidía poner sus pasos en la calle, aunque acortando su recorrido y apresurando su regreso mediante la supresión de su paso por los conventos y tirando directamente por la calle Doña María Coronel. El objetivo era adelantar la entrada de la cruz de guía a las 10.45 horas, de forma que el palio de la Virgen de la Aurora pudiera estar de vuelta en su templo a las 11.30, tratando así de evitar las franjas de mayor riesgo de precipitaciones. Encomendando su suerte al cielo, la cofradía, con los ojos de sus 300 nazarenos clavados en el proceloso firmamento, emprendió su camino hacia la Catedral a las 4.45 horas. Pero ocurrió lo inevitable. El agua fue apareciendo tímidamente al principio, si bien se fue haciendo intermitente, no dando un segundo de tranquilidad a los responsables de la hermandad. Pese a los intentos de los hermanos por aguantar, confiando en que la borrasca no se derrumbara sobre ellos antes de alcanzar la seo hispalense, sobre las seis, cuando el paso de palio se encontraba frente a la capilla de Monte-Sión, se tomó la decisión de emprender el regreso a Santa Marina, lo que no impidió que tanto las imágenes del Resucitado –de Franciscon Buiza– y de la Virgen de la Aurora –de AntonioDubé de Luque–, tuvieran que aguantar un chaparrón de una media hora, al igual que los nazarenos que soportaban su estación de penitencia más larga. Ocultas por los antifaces o camufladas con los restos del chaparrón, las lágrimas de muchos de los allí presentes acabaron brotando, amargando el final de esta semana grande. A paso ligero, arropados por la música de la Agrupación de Nuestra Señora de los Reyes y de la Banda María Santísima de la Victoria, respectivamente, los pasos volvieron a su templo. Tres golpes en la puerta del fiscal de cruz acabaron con cualquier hilo de esperanza. El regreso se había consumado, aunque su celeridad no escatimó belleza a la estampa de ver entrar al son de la Marcha Real a ambas imágenes, especialmente a la Virgen de la Aurora, recogiéndose el palio para encajar en la puerta de Santa Marina. La iglesia volvió a abrir a las 11.00 para que los sevillanos pudieran acudir a admirar sus pasos durante toda la jornada, dando así por terminada con un sabor agridulce esta inolvidable Semanas Santa.

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