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Economía

"El gran miedo al ridículo de este país hay que desterrarlo"

Entrevista a Julio Lage González, ingeniero superior de Telecomunicaciones y doctor en Informática. De extensísimo currículum profesional, asesora a empresas y colabora en fundaciones y asociaciones que promueven la innovación.

el 05 oct 2014 / 15:30 h.

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Julio Lage posa frente al Cortijo de la Gota de Leche, sede del grupo empresarial sevillano Morera & Vallejo, propietario de este periódico. / Pepo Herrera Julio Lage posa frente al Cortijo de la Gota de Leche, sede del grupo empresarial sevillano Morera & Vallejo, propietario de este periódico. / Pepo Herrera Se llama Julio Lage González. Quizás este nombre pase desapercibido para la mayoría de los andaluces, pero no entre los empresarios ni entre quienes algo tienen que decir en el mundo de las telecomunicaciones, de la innovación y de la responsabilidad social de las empresas. Ingeniero de Telecomunicaciones y doctor en Informática por la Universidad Politécnica de Madrid, en su muy amplio currículum profesional está la empresa privada, la consultoría, el emprendimiento, la banca, la representación patronal y múltiples cargos, o colaboraciones como él prefiere llamarlos, en fundaciones y asociaciones. Desde tan extensa atalaya, opina sobre hacia dónde vamos... Así, a bocajarro, ¿vamos por el camino correcto de la recuperación económica? Esperemos que sí... Creo que hay tareas pendientes. Una cosa es que la macroeconomía ya esté empezando a tirar, y otra cosa es que alcance a la microeconomía, a todas las personas que forman parte de este país. Cuando consigamos recuperar el empleo comenzaremos a ver las verdaderas mejoras de la economía, no antes. Cuando la crisis nos empezó a sacudir se dijo que otra economía, sí, más sostenible, era posible. ¿Hemos aprovechado el tiempo o volveremos a caer en las mismas piedras? El ladrillo, el excesivo endeudamiento... Tenemos que ir por un camino diferente, no podemos depender de un solo sector económico. Pero creo que todavía no estamos andando por caminos nuevos, y ya se debería... Son claves la innovación y las nuevas tecnologías. Hay que generar una economía productiva. No tiene por qué ser una producción pesada, como la de las grandes fábricas, pero sí basada en el conocimiento, en el saber de las personas, en nuevas técnicas y formas de hacer empresa que sí permitan crear otro tipo de industrias. Las empresas españolas han ajustado sus plantillas vía ERE, despidos, recortes salariales. Digamos que los trabajadores han cumplido su parte. ¿Y las empresas han cumplido con la suya? A medias. Las hay que han hecho muy bien las cosas y preocupándose de las personas, pero también las hay que han aprovechado la crisis para descargarse de plantilla y ponerse en una situación donde supuestamente están mejor. En este último proceder hay riesgos: se ha perdido mucho conocimiento sin prepararse la manera para recuperarlo. Muchas personas con mucha experiencia y todavía una edad buena para seguir trabajando ya no están en esas empresas, en ellas el conocimiento ahora es inexistente y hay que volver a crearlo. Debería pues haber un mecanismo para esa transmisión de conocimientos antes de la salida de las personas con más saber y experiencias. ¿Se ha prescindido de la experiencia con tal de conseguir a un trabajador que resulte más barato? En muchos casos sí, desgraciadamente. Antes de hacer una reducción de plantilla hay que pensar muy bien cómo aprovechar esa experiencia, ese conocimiento, y no hacer las cosas, digámoslo entre comillas, a lo loco. Porque los costes de producción pueden incluso aumentar cuando se prescinde de la experiencia. Hablaba de innovación pero ¿se innova realmente o es un concepto manoseado en exceso? La crisis ha hecho que no todos los recursos que deberían haberse destinado a innovación finalmente se hayan presupuestado. Esto ha afectado a la universidad y a los centros de investigación públicos. En ellos hay cierto parón, y cuanto antes recuperen el tono, mejor. Y luego está la empresa. En muchos casos nada han innovado, siendo un mal tremendo para el futuro: hay que adaptarse a los tiempos e ir generando siempre conocimiento que cree valor y cree empresa cada día. En otros casos sí han apostado por la innovación dedicando a ésta una parte significativa de sus recursos: son las empresas que tendrán más posibilidades de éxito en el futuro. Sí, la innovación es básica, permite crear nuevos productos y servicios, nuevas formas de afrontar el mercado e internacionalizarse. ¿Y las pymes? Hablando de manera coloquial: han hecho lo que han podido. En muchos casos ya bastante han tenido con sobrevivir. Eso sí, hay pymes que han sido muy innovadoras porque nacieron del emprendimiento y, por tanto, con la cultura innovadora dentro del cuerpo, mientras que otras pymes sencillamente han ido realizando más de lo mismo. Gran error éste porque con más de lo mismo no vamos a ningún sitio. Julio Lage colabora con la Fundación Innovación España. ¿Quiénes la componen? ¿Qué pretende? Es una fundación privada creada por siete grandes multinacionales que dedican mucho dinero a la investigación en España, con centros de investigación y desarrollo donde crean productos y servicios que exportan y desde los que se realizan tracción con las pymes que colaboran en procesos de innovación, y a las que luego acompañan en la aplicación práctica en proyectos que se hacen por el mundo. Y colabora también en otras muchas fundaciones y asociaciones. Un hombre comprometido... Lo intento. A medida que nos hacemos mayores vemos el mundo de otra manera y lo importante que resulta no sólo hacer cosas por uno mismo, sino ayudar a que se hagan cosas por los demás. Yo fundamentalmente colaboro en ese proceso de generar una nueva forma de hacer economía que tiene que estar basada en la innovación y en el emprendimiento y que es hoy día tan importante para nuestro país. Me quedo con dos expresiones suyas: «hacer algo por los demás y otra economía». Economía del bien común, economía social de mercado... Tras años y años de especulación por el boom económico, ¿tales conceptos son posibles? Sí. La economía tiene que estar orientada al bien común y no al bien de sólo unos pocos. Es una labor importante de concienciación de los directivos y de los empresarios: generar empleo y un estado de bienestar para los demás y no sólo para uno mismo. Da igual cuál puesto de trabajo sea, todos tenemos que ser flexibles, a nadie nos tiene que importar cambiar de empleo, aprender cosas nuevas e incluso rebajar nuestras expectativas y trabajar en otras cosas que a lo mejor no hubiéramos esperado ni hubiéramos pensado en otros tiempos. Pero es muy importante que en el mundo empresarial haya un sentido no sólo de que la empresa es el centro de la vida, sino de que el centro de la vida es la empresa más sus trabajadores, más todo el mundo con el que se relaciona y que ese ecosistema funcione de manera unida y homogénea y permita que la economía fluya y se transmita a todos, no a unos pocos. ¿Y esa economía del bien común también genera nichos de mercado? Sí, claro. En vez de nichos de mercado suelo emplear la expresión espacios de oportunidad. En toda crisis existen oportunidades. Cuánta gente hay que se queda sin trabajo y la necesidad le empuja a crear algo o cuánta gente hay que, tras salir de la universidad, tiene una idea, la valentía para sacarla adelante y quien le ayude, que no es siempre fácil, a ponerla en práctica. Por esa vía tenemos que ir. Estamos en el momento más oportuno de la historia. ¿Por? Primero porque hay necesidad y la necesidad agudiza el ingenio. Segundo porque tenemos muy buena formación, éste es un país con excelentes universidades y con mucha gente preparada. Y tercero porque no podemos dejar que ese capital en conocimiento se desperdicie. El secreto está en tener mentalidad emprendedora, aunque seamos empleados o mandos intermedios. Toda persona de una empresa tiene que pensar como si fuera empresario de esa empresa, en darle vida, en aportarle ideas creativas... Y todo para que la empresa sea mejor en el futuro. Esa otra economía exige mucha concienciación social. En estos años de crisis económica que aún tratamos dejar atrás, ¿la sociedad civil ha despertado de su letargo? ¿Y la conciencia social? Sí ha despertado para aquél que más ha sufrido. Sí, el sufrimiento es una manera muy desafortunada de innovar. La innovación tendría que venir de modo natural como un hábito de las personas. Pero cuando alguien se enfrenta a una crisis, cuando se siente acorralado, cuando se ve sin camino de futuro, se busca la vida. En esa búsqueda hay dos caminos: inventando un espacio de oportunidad o dejándose llevar. Dejarse llevar nos lleva al hundimiento. Nos han acostumbrado a ser muy rutinarios, muy de sota, caballo y rey, aquí tienes un trabajo, mantenlo para toda la vida. Y eso ya no es posible. El bien común es cosa de todos: no lo hace tan solo el empresario. Si los trabajadores no tienen flexibilidad, no tienen los medios, no son bien tratados y ellos no aportan su valor a la empresa sin egoísmos, seguramente romperemos la baraja. Si el empresario todo lo que quiere es hacer riqueza para un número reducido de personas y no pensando en el ecosistema que gestiona, su empresa seguirá yendo mal porque no habrá satisfacción, los trabajadores no estarán en disposición de dar lo mejor de sí mismos. Y si en el entorno con el que se relaciona la empresa tan sólo impera el egoísmo, me va a mí bien y me dan igual los demás, lo malo se contagia y a todos nos termina yendo mal. Vamos a buscarnos la vida. Julio Lage creó su empresa, Europe Management Consulting, cuando tenía, digamos, unos añitos. Creencia generalizada: emprender es consustancial a ser joven. ¿Correcto? No. Yo emprendí y ya no era tan joven. Emprender es un estado de ánimo. Yo creo mucho en los hábitos. Ciertos hábitos tendrían que formar parte de nuestra forma de ser y nos tendrían que salir de natural. Ser emprendedor no es una aventura fácil. No lo es porque los ecosistemas que son capaces de hacer que el emprendimiento ocurra no están bien interconectados. Por ejemplo, la universidad es un núcleo de saber y conocimiento y, por tanto, puede ser una fuente de emprendimiento, pero entre universidad y empresa todavía existen muchas barreras que impiden ese flujo: ahí hay una tierra de nadie, un vacío donde se pierden muchas energías. Luego, un emprendedor no siempre sabe de todo, necesita ayuda. El fracaso en el emprendimiento en nuestro país es aún muy alto, probablemente porque no hay generados mecanismos que ayuden al emprendedor a saber salir adelante en todos los momentos de su creación: a generar un plan de negocios realista y entendible, a buscar financiación, a encontrar socios, a decidir los mercados, a pensar en grande aunque se empiece en pequeño, a no caer en el éxito rápido para vender rápido al mejor postor... Los organismos gubernamentales y también privados tendrían que potenciar y poner juntos todos los elementos que hacen que funcione esa clave para el futuro del país llamada emprendimiento. Otra creencia generalizada: emprender es crear una empresa. ¿Solo es eso? No. El emprendimiento permite hacer una cosa, creatividad más emprendimiento permiten hacer muchas. Quien es creativo y emprendedor no se para nunca, ya sea dentro de su propia empresa o pensando ya en crear otras. Y hay que crear empresa pensando en triunfar, y no apenas en sobrevivir. Pero a veces, en esta crisis, ha sido una patada hacia adelante. En parte sí. Quien se queda sin nada se busca la vida. Y nadie tiene que sentir frustración por emprender aunque sea de una forma traumática. Emprender es algo grande. Es crear país, es crear economía. Miedo al fracaso, miedo al ridículo, sin fracaso no hay éxito, del fracaso se aprende. Eso está muy bien. Pero en este país, fracasar al emprender no sólo te lleva a la ruina, también marca tu currículum... No siempre. Al final es luchar, luchar y luchar. No preocuparse por que en algún momento haya que sufrir, no dejarse llevar por el desánimo nunca. Eso sí, hay que tener una buena idea: Si uno se empeña en seguir adelante con algo que no tiene sentido para la economía, fracasará. Pero, dicho esto, no tiene que haber miedo al ridículo. Muchos empresarios que han tenido éxitos relevantes en el mundo no triunfaron a la primera, sino que fracasaron dos o tres veces antes de encontrar la idea de futuro, y no por eso tienen una mancha. El fracaso enseña. Sí. Equivocarse es una etapa más en la vida, forma parte del aprendizaje. España es un país con mucho miedo al ridículo, al fracaso. Y eso hay que desterrarlo.

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