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«El halcón es el no va más de las aves»

Manuel Vázquez / Su afición a la cetrería desde niño le ha convertido en un agente esencial para la seguridad aérea desde que San Pablo incorporó el uso de rapaces para ahuyentar aves en la trayectoria de los aviones, hasta ahora el método más eficaz conocido como demostró Félix Rodríguez de la Fuente.

el 17 ene 2015 / 17:02 h.

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Imagen-Imagen-MANUELVAZQUEZ Habla del «pronto» de Sevilla o del «carácter excepcional» de Trianero como si fueran sus hijos. Y lo cierto es que Manuel Vázquez ha ayudado a traer al mundo a más de veinte halcones, ya que tras varios estudios ensayo-error y mucha paciencia, este halconero del aeropuerto de San Pablo es pionero en su cría por inseminación artificial. Cada día, desde antes del amanecer y hasta que se pone el sol, otea las 500 hectáreas que rodean el recinto aeroportuario vislumbrando aves que puedan afectar a los vuelos. «Los pajarillos pequeños tipo gorriones o jilgueros no suponen un peligro para la aviación», aclara. Y echa a volar a sus rapaces que, hasta el momento, han demostrado ser un sistema más efectivo que cualquier aparato mecánico para espantarlas y evitar que el choque con los motores y turbinas de las aeronaves provoque un accidente. El uso de técnicas de cetrería para el control de fauna comenzó a aplicarse en los aeropuertos comerciales en los 70 y «fue Félix Rodríguez de la Fuente el que logró demostrar que es el mejor sistema». La clave está en que vuelan de forma aleatoria, nunca a las mismas horas y por los mismos sitios para que las aves que deben espantar no se acostumbren al «susto». En San Pablo, el sistema se implantó hace más de tres décadas y Manuel relata que empezó haciéndolo gratis. «Durante tres años estuve viniendo todos los días después de mi trabajo, y luego ya contratado estuve 13 años solo, así que trabajaba 365 días al año», explica. Por su situación entre Europa y África, San Pablo es paso de las rutas migratorias de garzas, patos, ánsares, zorzales, perdices o cigüeñas, aunque éstas no se espantan con rapaces porque se dispersan y crean más puntos de peligro para los aviones sino que Manuel las avista con prismáticos e informa de su ruta y altitud a la torre de control. Hoy, son dos los halconeros de San Pablo ycuentan con 24 rapaces entre halcones, harris –mezcla de águila y azor procedente del desierto y por ello muy bueno para volar en verano cuando el halcón sube a gran altura buscando el fresco y evita bajar– y águilas colirrojas, ambos más propicios para la caza de conejos y liebres, que deterioran las pistas con sus madrigueras y atraen a otras aves cazadoras. Manuel se deshace en elogios hacia el halcón. «Es el no va más de las aves, la más poderosa, ninguna lo supera en velocidad, puede alcanzar los 340 kilómetros por hora, a la que cualquier otra ave se asfixia. Tiene dos dientes salientes diseñados para dar muerte fulminante a las presas, sin pelea. Y sus ojos, por la cantidad de bastones que tiene, le conceden una vista excepcional, son totalmente negros, por lo que puede mirar al sol que deslumbra a sus presas, y tienen una membrana que le protege de las partículas de polvo que a su velocidad son balas». Y cada vez que recorre con su todo terreno las pistas y alrededores de San Pablo y ve embarcar a «madres con sus hijos cogidos de la mano pienso que mi labor es evitarles un susto». De momento, más allá de tener que sacar alguna presa de una turbina y algún estropicio mecánico, lo ha logrado.

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