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Las llaves de la eterna niñez

El Heraldo Real abre la senda a la tarde más mágica del año tras un bullicioso paseo por la ciudad.

el 04 ene 2015 / 20:14 h.

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El Heraldo recorrió este domingo las calles del centro de Sevilla. / Pepo Herrera El Heraldo recorrió este domingo las calles del centro de Sevilla. / Pepo Herrera Una ciudad entera disfrutando como niños. Es la inexplicable magia que transforma cada año Sevilla al llegar la víspera de la Cabalgata de Reyes. Da igual la edad que se tenga. 70 o cinco años. Todos actúan con la alegría y la inocencia de un niño al paso de tan ilustre visitante. Se baila y se salta al compás de los villancicos que interpretan las bandas que van en la comitiva, se grita «¡¡¡Heeeraldo, Heeeeraldo...!!!» y hasta se pone cara de bueno para asegurarse de que finalmente llegan los regalos deseados. Es lo que se pudo ver ayer en las calles de un centro a rebosar de gente. Nadie quiso perderse el paseo que se marcó el Heraldo Real hasta el Ayuntamiento para recoger las llaves de la ciudad con las que abrir hoy la puerta de la jornada más mágica del año. María, de cinco años, aprieta en sus manos un sobre. En el membrete se puede leer «Para el Rey Gaspar, el más bueno». Sus ojos no dejan de mirar a la puerta del Ateneo, de donde viene el eco de los 200 beduinos que custodian la pequeña carroza de las cartas. La espera se hace eterna para María, pero ella aguanta sin manifestar ni una queja. «Cuesta ver lo quieta que está. Con lo traviesa que es. Tendría que venir el Heraldo todos los días», apunta sorprendida su abuela que ha acudido con otros familiares. Tampoco parece que hay mucha espera dentro de la Casa Docta. Con unos minutos de adelanto se abren las puertas. Y enseguida llegan las primeras lluvias de caramelos. María se las apaña como buenamente puede para coger algunos sin soltar la carta. Junto a ella, su abuela, de 70 años, no duda en seguir sus pasos para hacerse con un paquete de chucherías que aún resiste en el asfalto. «Es una ilusión muy grande la que despiertan los Reyes Magos. Aunque ya se sea mayor. Esto nunca se pierde», aclara esta vecina de San Jerónimo que aúpa en brazos a su nieta para mostrarle cómo se acercan los caballos por la esquina de la calle José Gestoso. Con un marismeño y conocido «Ya está aquí el Heraldo. Ya está aquí el Heraldo, el Heraldo, el Heraldo...», asoma al zaguán el penacho de plumas verdes y blancas del emisario de los Reyes Magos que encarna Ángel Rivas, hermano mayor del Rocío de Triana e integrante del grupo Siempre Así. Su primer mensaje es para los que no paran de gritar su nombre: «Tranquilos que todas las cartas llegarán esta misma noche a Sus Majestades», dice a María, que le regala una sonrisa al desprenderse de la misiva. Al Heraldo le acompaña un viejo conocido. Aguilón, el caballo con el que hace el camino del Rocío, presta su fuerza para cargar con los más de mil caramelos que va repartiendo. Acostumbrado a las bullas de mayo, el equipo se abre paso en una calle Cuna a rebosar. Los pequeños se impacientan y se echan encima. Otros llaman su atención con ingeniosos reclamos, como «Viva Triana» o «Mi niña se llama Rocío». Lo que garantiza un chaparrón de caramelos. Disfruta el Heraldo y disfrutan las 150.000 personas que, según el Ayuntamiento, lo reciben. Se nota en su semblante y en los gestos con los que constantemente anima a la arenga. «Todos nos convertimos en niños a través de estas llaves con las que abrir la ilusión que nunca debemos perder», avisa el emisario mientras Sevilla se hace cada vez más niña. Zoido a los Reyes: «Que Sevilla siga Siempre Así» Por una Avenida abarrotada llega el Heraldo  hasta el Ayuntamiento sobre las siete de la tarde. Ya se ha hecho de noche y las luces alumbran sus últimos pasos antes del gran ritual de recibir las llaves de la ciudad y dirigir sus primeras palabras a los niños de Sevilla. Entre ellos está la pequeña Carmen, quien hace unas semanas ha protagonizado el emotivo vídeo La sonrisa de Carmen con su familia, que lanza «un mensaje de esperanza y superación» para quienes sufren una enfermedad. Para ella y otros tantos pequeños que están o han estado en hospitales son sus primeras palabras: «Enviémosles un ramo de besos que salgan de nuestro corazón», pide sobre el escenario sobre el que recibe el cariño de la ciudad de manos del alcalde y otros representantes, como el presidente del Ateneo, Alberto Máximo Pérez o quienes hoy encarnarán a los personajes de Melchor, Gaspar, Baltasar o la Estrella de la Ilusión que representa Rocío Morera Maldonado. Tras las pertinentes preguntas a los niños y a los no tan niños si se habían portado bien, el Heraldo aprovechó su discurso –con buena voz tras superar algunos problemas de afonía– para defender el sentido religioso de la fiesta: «Lo más importante es el nacimiento del Niño Jesús. Que la Navidad y Sevilla sigan Siempre Así», concluyó en clara referencia al nombre del conocido grupo de música en el que canta Ángel Rivas cuando no está echando una mano a los Magos. Frase que repitió el alcalde, Juan Ignacio Zoido, al pedirles «que Sevilla siga Siempre Así» y que traigan «ilusión, esperanza y empleo para las familias que lo están pasando mal».

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