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El hijo de la Esperanza

el 17 abr 2011 / 06:59 h.

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Nieto de hortelano, gremio que fundó la cofradía, e hijo de una Esperanza, Manuel García García (Sevilla, 1933), estaba predestinado a pertenecer a la hermandad de la Macarena, donde ahora cuenta con el número 14 de hermano. Su nombre aparece en los archivos de la hermandad dado de alta en marzo de 1935, razón por la que el año pasado, ya luciendo galones de hermano mayor, recibió el pergamino que acredita nada menos que sus 75 años de pertenencia macarena.

Aunque su hermano Pepe, ya fallecido, llegó a ser capitán de la Centuria, a él nunca le llamó la atención eso de ser armao, ni tampoco en sus años mozos, con asalariados bajo los pasos, había la afición que hay hoy día por el costal. De ahí que lo suyo siempre haya sido la túnica, como atestigua una foto de estudio que conserva en casa con apenas año y medio vistiendo el hábito macareno.

García conserva recuerdos infantiles de aquellas salidas de la Macarena desde la iglesia de la Anunciación, cuando el incendio intencionado de la parroquia de San Gil la obligó a buscar cobijo a la hermandad en la antigua Casa Profesa de la Compañía de Jesús.
Desde noviembre de 2009, este comerciante de frutas del mercado de la Encarnación que dio un giro a su vida en 1983 metiéndose a la política, pilota, ya desde la tranquilidad de su jubilación, la hermandad más influyente y de mayor proyección universal de Sevilla, con una nómina que ronda los 13.000 hermanos y con un plantel de 18 empleados fijos.
En el año 1983, dejó su puesto en el mercado de la Encarnación para ser concejal de Sevilla, institución donde desempeñó un servicio a la ciudadanía durante 16 años, primero en la oposición, con Manuel del Valle de alcalde, y luego en el gobierno, bajo los mandatos del andalucista Alejandro Rojas Marcos y de su compañera de filas Soledad Becerril.

De su años en la Casa Consistorial, la etapa que con mayor gratitud recuerda fueron los meses de la Expo 92, cuando ejerció como delegado de Seguridad Ciudadana. García presume de que aquélla fue la única vez que la Policía Nacional y la Local trabajaron codo a codo de manera coordinada. Pese los temores que había, la Exposición Universal fue todo un éxito, lo que le valió meses después la Medalla al Mérito Policial. Durante aquellos frenéticos seis meses, estrechó la mano de numerosos presidentes de Gobierno, jefes de Estado y herederos de Casas Reales, como François Mitterrand, Carlos de Inglaterra y Fidel Castro, "figura mundial" a quien saludó desobedeciendo la orden de su grupo político. Ninguno de ellos les causó tanta admiración como la princesa Diana de Gales o el ya entonces presidente polaco Lech Walesa, el hombre que comenzó a deshacer el ovillo del comunismo con la ayuda de Juan Pablo II. Unos años después, en 1993, García daría la bienvenida a Sevilla al Papa polaco cuando visitó por segunda y última vez la ciudad de la Giralda para clausurar el Congreso Eucarístico Internacional.

El mayor disgusto en su etapa de concejal, no cabe duda, se lo llevó la noche en que Manolo Barros, secretario de Soledad Becerril, le despertó entre sollozos a las tres y pico de la madrugada para anunciarle el fallecimiento del matrimonio Jiménez Becerril.
A sus 77 años, García vive más que feliz encaminando a diario sus pasos desde San Luis hasta la Basílica, donde echa horas y horas despachando asuntos, atendiendo visitas inesperadas -las últimas, las de los arzobispos de Buenos Aires o Munich, que se presentaron sin avisar- o, simplemente, pilotando el programa de los veteranos macarenos que él se encargó de poner en marcha.

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