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El histórico Sevilla 3.000 federará un conjunto cadete

Florencio Gámez será el próximo domingo el nuevo presidente del club de la Barriada Murillo. Suria, exjugador profesional, será el encargado de dirigir al cadete.

el 21 jun 2013 / 10:28 h.

IMAG0195 Los componentes del Sevilla 3.000, en la Barriada Murillo. Foto: B. Ruiz. Son héroes. En mayúsculas. Operan en un núcleo de la Sevilla marginal por su amor al fútbol y evitan que los casos de absentismo escolar se multipliquen a la velocidad de la luz. Son los auténticos desconocidos del pellejo provincial. Florencio Gámez, alma máter del modestísimo Sevilla 3.000, un club enclavado en la Barriada Murillo, zona de las 3.000 Viviendas, habla con la sensatez de un tipo entrañable que lucha cada día por dinamizar la vida de los vástagos de los olvidados, la ingente masa obrera de un lugar en el que el índice de desempleo alcanza el 70% y el analfabetismo infantil es sólo una triste huella del pasado. El reducto futbolístico del terreno de juego es una especie de oasis en el desierto. “Aquí hay que ser más tolerante que en otros clubes. Nuestra labor es más difícil, pero también más gratificante”, relata con rictus serio y tono orgulloso Manuel Márquez, el coordinador que ha decidido federar a un conjunto cadete en plena crisis. El Sevilla 3.000, heredero del desaparecido San Gonzalo y que hunde sus raíces en 1964, trata de recuperar el prestigio de antaño. “De aquí han salido grandes futbolistas y tratamos de que esa tradición no se pierda”, argumenta uno de los emblemas actuales de la entidad periférica, Juan Carlos Borrego, Nipe, entrenador del benjamín y miembro del cuerpo técnico del infantil. A un lado del campo de fútbol, un núcleo residencial que lucha por sobrevivir sirve de paisaje para el visitante. “Aquí se ha formado un mito, pero el Sevilla 3.000 ha pagado sólo 100 euros de multas este año y eso es para estar satisfechos”, matiza el futuro presidente y símbolo gualdirrojo, Florencio Gámez, que el próximo domingo asumirá la presidencia, a la que regresa tras años de ausencia, y relevará a Antonio Miranda. A base de sacrificio y constancia, el club, de acuerdo con los criterios que tratan de aplicar en su régimen de funcionamiento interno el IES Joaquín Romero Murube y el CEIP Andalucía, promovió hace unos años una serie de premios para aquellos jugadores con mejor expediente escolar. “Al principio nos costó trabajo, pero al final ha sido un éxito”, asegura Gámez bajo la atenta mirada de José Manuel Páez, secretario y técnico del infantil, y Antonio Garrido, Suria, exjugador y ahora máximo responsable del recién creado cadete. Suria asumirá el reto más arriesgado del próximo curso. Domar a una pléyade de adolescentes de 14 y 15 años. “No me puedo quejar. Son buenos futbolistas y buenas personas”, dice sonriente. Es la sonrisa pícara de alguien que ha conocido las dos caras del fútbol. La alegre, la del fútbol profesional que sueñan alcanzar quienes corretean con los ojos vidriosos por los adoquines de Manuel Fal Conde, y la amarga, la de aquellos que perdieron el tren de la vida por los excesos y la fama. El Sevilla 3.000, una bocanada de aire fresco en la ciudad futbolística, retorna con hambre y sed. Y con el aval de la sinceridad cristalina de un grupo de locos de un deporte que mueve sus hilos allá donde el caprichoso destino elige. Una hermosa forma de retar a la crueldad de la vida en el epicentro de la marginación. Unos tipos corrientes con ADN de héroes. Como los de los cómics.

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