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El humo llenó la residencia e impidió acceder a las habitaciones

La rápida actuación de los equipos no pudo que fallecieran seis ancianos. El 061 atendió a 21 personas entre heridos, personal del centro y agentes. Las víctimas fueron localizados por los bomberos acostados en sus camas.

el 09 feb 2010 / 23:22 h.

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Dos trabajadoras de la residencia lloran al enterarse de la trágica noticia.

Como cada día los 19 residentes del geriátrico Aurora, muchos de ellos incapacitados, tomaron su cena y la medicación antes de acostarse. El silencio se hacía en la residencia y se adueñaba de la bulliciosa calle de Marqués de Nervión, cuando un intenso olor a humo interrumpía el descanso de residentes y vecinos y daba inicio a una auténtica tragedia .

Un fallo eléctrico provocaba un fogonazo en una de las habitaciones de la última planta, ocupada por Lucía -una mujer de 65 años incapacitada por una enfermedad degenerativa-, y hacía que prendiera una llama que se propagó por toda la habitación. Eran las 23.48 horas y la primera llamada de alerta a los servicios de emergencias consta a las 23.56 horas. Cuatro minutos después los bomberos ya estaban allí y también la Policía Local. De hecho, dos agentes fueron de los primeros que entraron en la residencia, de carácter privado, y evacuaron a las primeras víctimas. "Al entrar había mucho humo y nos encontramos a gente en la primera planta", explicaba el agente mientras era atendido en una ambulancia del 061.

Ellos lograron llegar hasta la planta en la que se originó el fuego, la tercera contando la baja, pero no pudieron continuar por el intenso humo que salía de la habitación afectada y que rápidamente se extendió por todo el edificio, hasta tal punto que, tras apagar el fuego, la Policía no pudo realizar las labores de investigación porque "no se podía respirar". Ayer volvieron y rastrearon cada rincón del inmueble.

Los bomberos actuaron rápidamente, "en cuatro minutos y medio estaban aquí", destacó el concejal de Seguridad, Alfonso Mir, que se desplazó hasta la calle para supervisar el operativo. Hasta siete vehículos y 30 efectivos se desplazaron para sofocar el incendio, aunque lo prioritario fue desalojar el edificio para evitar que el humo acabara asfixiando a sus ocupantes. Hasta los vecinos ayudaron en esta tarea formando una cadena humana.

Pero pese a todos estos esfuerzos nada se pudo hacer por salvar la vida a cinco personas. La sexta moriría minutos después de ser trasladada al Virgen del Rocío. En la habitación en la que se originó el incendio fallecía una mujer de 65 años, que probablemente murió asfixiada antes de ser devorada por las llamas. Los bomberos tuvieron muchas dificultades para llegar hasta allí, ya que además de un largo pasillo lleno de humo se encontraron varios muebles tirados en el suelo que les obstaculizaron las labores de rescate.

En las habitaciones adyacentes, los bomberos localizaron los cuerpos de los otros ancianos en sus camas. Todos habían muerto por inhalación de humos mientras dormían. Sus cuerpos fueron desfilando uno a uno ante la asombrada mirada -casi todos los residentes eran muy conocidos- de los vecinos de la calle, que no daban crédito a lo que estaban viendo. Uno a uno fueron colocados en fila en la esquina de Marqués de Nervión con la plaza de Antonio Aparicio Herrero, justo bajo el cartel. Un improvisado depósito que se rodeó de sábanas para preservar la intimidad de los cadáveres de los objetivos de las cámaras y de las miradas de los curiosos.

Hasta diez ambulancias llegaron a congregarse a las puertas geriátrico. Los equipos sanitarios llegaron sobre las 0.05, a los diez minutos de recibir el aviso, y estuvieron hasta casi las tres de la madrugada ofreciendo atención sanitaria a heridos, agentes y hasta a las trabajadoras y a la propietaria de la residencia, que presentaban un importante cuadro de ansiedad y nerviosismo. Ninguna de las dos monitoras sufrió heridas, pese a que estuvieron sacando a ancianos del edificio hasta la llegada de los servicios de emergencias. Los primeros minutos de tensión dieron paso a las lágrimas cuando fueron descubriendo quiénes eran los residentes que habían perdido la vida, más aún cuando fue a ellas a las que les tocó identificar a gran parte de los heridos y de las víctimas, que eran dos hombres y cuatro mujeres.

Fueron momentos de pánico. Una de las trabajadoras, que estaba en ese momento en la planta baja, fue la que dio el aviso. Ninguna quería atender a la prensa porque era incapaz de revivir los momentos en los que se percataron del fuerte olor a humo e intentaron salvar a cuantos ancianos pudieron.


La calle, que se alumbró con las luces de las ambulancias y la Policía, se convirtió en un hospital improvisado donde el 061 atendió a 21 pacientes, de los que nueve fueron dados de alta y 12 derivados a los diferentes hospitalarios de Sevilla. En el hospital Virgen Macarena fueron ingresadas cinco mujeres, de las que cuatro fueron dadas de alta y una se encuentra en la Unidad de Cuidados Intensivos por quemaduras. En el Virgen del Rocío ingresaron otras cuatro personas, una mujer que falleció de madrugada y tres hombres que permanecen ingresados. Al hospital de Valme fueron derivadas tres personas por inhalación de humo, de las que dos (un hombre y una mujer) ya han sido dados de alta. Un segundo hombre está a la espera de ser trasladado al Virgen Macarena.

Sobre la 1.20 horas hacía su llegada la comisión judicial. El juez de guardia, el secretario, la fiscal y un forense hacían su llegada para proceder al levantamiento de los cadáveres, que hasta entonces estaban franqueados por un coche y dos furgonetas de la funeraria. El magistrado recibió toda la información de lo ocurrido de manos de los bomberos y de la Policía. Cuando dio la autorización, ya cerca de las dos de la madrugada, los cadáveres fueron retirados y trasladados hasta el tanatorio de San Jerónimo, donde ayer se vivieron escenas de dolor de los familiares de las seis víctimas.

La mayoría de los familiares se despertaron con la trágica noticia, reconociendo el edificio del geriátrico en el que residían sus padres, sus tíos o abuelos en las televisiones o en las fotografías de la prensa. Otros, en cambio, se enteraron de madrugada cuando recibieron la llamada de algunos de los trabajadores de la residencia. El trasiego hasta la residencia fue constante toda la mañana, unos para recabar información sobre el estado de sus familiares y otros para recoger algunas pertenencias, "como sus medicinas o su documentación".

En otras residencias. Muchos de los ancianos que recibieron el alta están en casas de sus familias y otros han sido realojados en geriátricos concertados de la Junta de Andalucía en Montequinto y Heliópolis. Sólo uno de ellos fue realojado en una residencia vecina a la siniestrada, llamada Virgen del Carmen, pero ayer mismo fue recogido por su hija. El hombre recibió el alta en Virgen del Rocío de madrugada y fue llevado allí, aunque no había sitio en el asilo y tuvo que pasar la noche en un sillón. Los trabajadores de esa residencia, ante la que fueron depositados los cadáveres de madrugada, hacían ayer lo imposible para que los ancianos no vieran el revuelo de medios que había en la calle "porque se ponen muy nerviosos".

Si ayer Marqués de Nervión se convirtió en el centro informativo desde primera hora de la mañana, también los hospitales, donde enfermos y familiares recibieron las visitas del presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, de la consejera de Salud, María Jesús Montero y la de Bienestar Social, Micaela Navarro, quien también acudió de madrugada al geriátrico. El alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, también acudió al lugar de los hechos y a los hospitales y ha decretado tres días de luto oficial. El arzobispo de la ciudad, Juan José Asenjo, se ha ofrecido a oficiar el funeral por los fallecidos, aunque al final tendrán lugar por separado.

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