Cultura

El IAPH cumple 20 años con 10.000 bienes restaurados

El hospital del patrimonio se ha hecho mayor. Eso, en sus términos, significa que se ha erigido en un centro de referencia científica, de solvencia interventora y en una fuente inagotable de conocimientos. Si no existiera, habría que crearlo. Como existe, enhorabuena, IAPH.

el 16 sep 2009 / 05:49 h.

El hospital del patrimonio se ha hecho mayor. Eso, en sus términos, significa que se ha erigido en un centro de referencia científica, de solvencia interventora y en una fuente inagotable de conocimientos. Si no existiera, habría que crearlo. Como existe, enhorabuena, IAPH.

El 16 de mayo de 1989 se daba carta de naturaleza al Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH). Ya ha llovido desde entonces, y para bien en la Cartuja. Nunca una sede tan patrimonial y encantadora como la de la antigua fábrica de cerámica de Pickman podría haber tenido mejor presente y futuro. Lo ha amasado a base de rigor, ciencia, sensibilidad y conocimiento un nutrido grupo de expertos en Patrimonio, cocineros de un lugar de referencia no sólo en España, sino en el mundo, donde ya se sabe de su meticulosidad y solvencia.

Al lector podrá parecerle hiperbólico tanto halago. Al que a sí se lo parezca se le invita a adentrarse en la web del instituto, a hacerse con algunos de sus documentados Boletines de Patrimonio o, mejor aún, a aprovechar una de las visitas que de tanto en cuanto organizan para conocer lo que se cuece entre sus muros.

Y lo que se cuece es una actividad que no cesa y que, en estas dos décadas de historia, ha permitido poner a punto y por lo tanto prolongarle la vida a unas 10.000 piezas de las ocho provincias andaluzas, y a unas cuantas llegadas de fuera fruto de sus líneas de cooperación. Echando la vista atrás, queda lejana aquella primera intervención en la Capilla Real de Granada, que fue su banco de pruebas y la oportunidad para sentar las bases de un modelo de actuación -basado en la máxima conocer para intervenir- que rige afinado hoy en día.

Aquello sucedía en 1991. Cuatro años después se estrenaban con otro miura del patrimonio: el rescate de la Puerta de Córdoba de Carmona, del siglo I. Hoy luce cual faro bien visible desde los alcores.

También 1995 fue el año en que se ganaron la confianza de las cofradías con la restauración del Cristo de Pasión, de Martínez Montañés. Ahí es nada. De su buen hacer dieron fe "las 70.000 personas que visitaron la exposición de la talla en nuestra sede", rememora Román Fernández-Baca, director del IAPH. A partir de ese momento, empezaron a llegar peticiones de diagnóstico primero y de intervención después, habiendo pasado por el quirófano de la Cartuja las dos imágenes titulares de La Amargura, la Virgen del Valle y el Cristo de la Coronación de Espinas, el de Santa Cruz, el de Montesión... Ahora mismo están poniendo a punto la Piedad de Los Servitas y, tras el verano, llegará La Estrella para su examen. Y esto sólo en la capital y en el apartado más popular de la imaginería, que si no...

Proselitismo patrimonial. No hay afán endogámico en el IAPH. Uno de sus objetivos es generar conocimiento y difundirlo. Desde 1997 han impartido 200 cursos de formación que "han permitido formar a 6.000 alumnos en museología, archivística, arqueología...".

En 1998, al instituto le salió un apéndice para cubrir un flanco dejado de la mano patrimonial: el de los yacimientos subacuáticos. Teniendo esa costa tan extensa y frecuentada desde hace siglos -por lo que el lecho está lleno de pecios-, era imprescindible crear una división especializada que estudiase y actuase de freno ante el ímpetu de los cazatesoros. Así nació el Centro de Arqueología Subacuática (CAS), con sede en Cádiz.

En 1999 llegó el gran hito del instituto: la restauración del Giraldillo, icono de Sevilla dado por muerto por el propio Cabildo Catedral. Se demostró que le quedaba mucha vida en los cielos. En 2005 fue izado a lo más alto de la Giralda. Desde 2004, todos los bienes de la iglesia del Salvador y del Palacio de San Telmo están pasando por sus manos, un volumen de obras que asusta. A ellos no: los disfrutan, los preservan y los estudian tanto que hasta corrigen, avalan autorías o desvelan curiosidades. Todo eso y más es el IAPH.

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