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El jaramago del 20 aniversario

Los 20 años de la Expo están a la vuelta de la esquina y aquí vamos a desaprovechar la ocasión.

el 12 abr 2012 / 19:47 h.

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El viernes de la semana que viene es 20 de abril, que además de una canción de Celtas Cortos (toma detalle viejuno) es el aniversario de la inauguración de la Exposición Universal de 1992, y encima este año toca un número redondo: 20 añitos, que dice el tango que no son nada pero a lo tonto son unos pocos de trienios, ya son miles los sevillanos que no vivieron aquello y que el recuerdo más directo que tienen son las fotos y las batallitas de sus padres.

Pues nada, nos disponemos a celebrar y a recordar y lo hacemos como quien dice a título particular como ciudadanos, porque ya me dirán lo que están haciendo nuestras autoridades por recordar el evento. Vale que a Gobierno central y a Junta de Andalucía la cosa les pilla un poco de lejos y encima a trasmano, más preocupados como están en meter la motosierra en las cuentas públicas para tener dos días de respiro con la prima de riesgo de nuestras entretelas, hasta ahí de acuerdo, pero ya me dirán que a una semana del acontecimiento el Ayuntamiento diga que se reúne la semana que viene para ver qué hace.

No digo yo que no se haga nada digno, porque estas afirmaciones las carga el diablo: dices que vaya plan y resulta que en unos días te sorprenden con un calendario abigarrado de actos que no quedan días libres para tanta fiesta. Pero me da a mí que no, que en la Plaza Nueva tienen la cabeza más puesta en otras cosas y que esto no va a ser una locura. Allá por febrero nos dijeron que las delegaciones de Cultura y Turismo llevaban un tiempo trabajando en la cuestión, que el asunto iba a ser modestito. La cuestión tomó un cariz político que a estas cosas no le sienta nada bien, porque al final ocurre aquello del uno por el otro y la casa sin barrer. Y ahora dicen que en unos días se reúne la comisión que se tiene que encargar de la película.

Lo triste de esto es que se podrá organizar alguna exposición o algo, pero tiene uno la sensación de oportunidad desaprovechada, de que el filón nostálgico de la Expo 92 daba para mucho más. Anda que ciertas ciudades iban a desaprovechar una oportunidad como ésta para venderse a sí mismas con algo que, encima, toca la fibra de un recuerdo agradable en el común de los mortales en este país.

Sevilla disfrutó como nunca con la Exposición Universal (y lo que es más importante, se modernizó también como nunca), pero después aquello fue como si cayese el telón tras la función de teatro y se acabó, vámonos para casa que es tarde. Fue como una fiesta de Nochevieja a lo bestia y como si no hubiese 1 de enero, pero claro que lo había y la resaca fue de las buenas. Partecsa, el germen de lo que hoy es Isla Mágica, abrió un parque temático vendiendo la idea de que la Expo seguía viva pero fue un desastre porque, evidentemente, no era verdad, y a la parte científica y tecnológica de la Cartuja le costó lo suyo despegar. Al final lo hizo, pero eso lo sabemos aquí en Sevilla y no crean que en muchos más sitios, porque de vez en cuando todavía te sale alguien diciéndote que qué pena la isla, con lo que fue y hoy llena de jaramagos.

Hoy, 20 años después, estamos desaprovechando la ocasión de sacarle partido al pasado y de vender nuestro presente tecnológico. Es verdad que no va a venir una legión de turistas sólo para darse un baño de recuerdos Expo, pero manda narices que no tengamos ni un mínimo centro, ni una pequeña exposición que recuerde aquel 1992 y que aproveche las muchas cosas que todavía hay por ahí olvidadas, que con mucho menos en otros sitios te montan un museo y se quedan tan panchos. Lo dicho, no va a venir una legión de turistas sólo para esto, pero seguro que más de uno que visite Sevilla incluiría este museo en su paseo, por no hablar del factor local, de tanto lugareño deseoso de recordar a Curro.

En la práctica tenemos que el Ayuntamiento dimitió del aniversario, porque en teoría montó una comisión que no ha llegado ni a reunirse, y el sector privado está con la cabeza en otras cosas. Al final los más activos han resultado ser los de la Asociación Legado de la Expo, que sin mayores recursos están animando el patio con iniciativas sencillas, a base de esfuerzo e imaginación. Qué pena que impulsos ciudadanos de este tipo no tengan más apoyo, porque otro gallo nos cantaría con la imagen tópica del jaramago.

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