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El Juli, Manzanares y Talavante devolvieron el toreo a las cámaras

El maestro madrileño, con tres orejas cortadas, marcó la diferencia y se alzó como triunfador de la tarde.

el 05 sep 2012 / 19:59 h.

PLAZA DE TOROS DE VALLADOLID
Ganado: Se lidiaron seis toros de Victoriano del Río, correctamente presentados. Noble y flojo el primero; de más a menos el segundo; protestón el tercero; se paró el cuarto; resultó emotivo y un manso el quinto y el sexto fue un importante sobrero de Garcigrande. Matadores: Julián López El Juli, de amapola y oro, oreja y dos orejas.
José María Manzanares, de marino y oro, ovación y oreja tras aviso.
Alejandro Talavante, de arena y oro, oreja y oreja.
Incidencias: La plaza se llenó en tarde espléndida.

 

Los toros han tenido que luchar por recuperar su condición de plato cotidiano de una televisión que precisamente se probó en 1948 retransmitiendo una corrida desde Carabanchel hasta el madrileño Círculo de Bellas Artes. Desde entonces ha llovido mucho y no es de extrañar que los aficionados hayan saludado como un verdadero acontecimiento esta vuelta a la normalidad que no habría sido posible sin la decidida y resuelta implicación personal de toreros como El Juli y Manzanares -reaparecido ayer-, que se jugaban mucho en este envite.

Noble y con fijeza, también escaso de fuerza, el primero de la tarde permitió a El Juli enjaretarle un par de lances y un precioso quite que combinó chicuelina, cordobina y una larga. Hubo mimo y precisión en el inicio de una faena exigente a la que le faltó toro. El trasteo estuvo siempre presidido por la pasmosa quietud del matador, imaginativo e improvisador -supo convertir las manoletinas en suerte emocionante- pero sobre todo entregado y con el acelerador a cien, quizá demasiado para las escasas fuerzas de ese primero al que despenó con su habitual estocada al salto.

Galopó el cuarto en los primeros tercios y El Juli no dudó en brindarlo al público. Molestó el viento y volvieron a fallar las fuerzas del astado, que sí embistió con dulce clase por el pitón izquierdo antes de que El Juli se metiera entre lo pitones en un apabullante despliegue de poderío rubricado con otro espadazo. Las dos orejas marcaron la diferencia.
Se gustó Manzanares parando al segundo, magníficamente picado, lidiado y banderilleado por los hombres del alicantino que se encontró con otro toro de buen son inicial y escaso motor. La faena no terminó de romper: la progresiva falta de bríos del animal no dejaron andar a gusto al Manzana, que se lo quitó de en medio con un limpio volapié.

Con el quinto, que se protestó de salida, llegó el Manzanares más arreado y acoplado con algunas intermitencias con el que, a la postre, fue el toro más emotivo del encierro a pesar de sus gotas de mansedumbre. En la faena hubo más desgarro que sinfonía, pero sobre todo una entrega arrebatada que suplió las carencias de estos meses en el dique seco. La espada, esta vez, se puso en contra mientras el toro cantaba su condición de manso.

Talavante era la tercera pata del banco. Más brillante en la tramoya experimental que en el toreo fundamental, volvió a mostrar demasiadas lagunas con la mano diestra. El tercero comenzó a defenderse muy pronto aunque el extremeño supo apretar el acelerador para arrancar una oreja intrascendente. El terciado sobrero de Garcigrande acabó rompiendo con importancia en la muleta y Talavante, que sufrió una voltereta, lo pasó en una faena vibrante y apasionada, también un punto apresurada, que le terminó de abrir la puerta grande.

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