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El Juli se encumbra en la gala de José Tomás

Ambos diestros salieron a hombros pero las orejas cortadas ayer no tuvieron el mismo peso

el 25 jun 2012 / 20:58 h.

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José Tomás y El Juli compartieron la salida a hombros por la puerta grande de la plaza de Badajoz.

José Tomás llenó la plaza, los hoteles y los restaurantes de Badajoz y sus alrededores pero el que se impuso en el ruedo y mostró su absoluta primacía fue El Juli, que reapareció en el coso pacense sin encontrarse recuperado por completo de la grave luxación de clavícula que se produjo en el Corpus de Granada, hace sólo 18 días, y en contra del dictamen de los médicos que le atienden.

El duelo de los dos madrileños fue testificado por Juan José Padilla, que ofició a la perfección su papel de telonero cortando una oreja que no podía inquietar el cómputo final: cuatro trofeos de altísimo e inalcanzable nivel para El Juli y tres orejas de distinto peso para José Tomás, que saldó así con éxito -acompañando a hombros a su partenaire- la primera de las tres comparecencias que tiene ajustadas este año 2012. Pero lo de El Juli fue otro mundo, un auténtico pronunciamiento en el año del ostracismo. Aunque ese golpe en la mesa necesitaba del amparo mediático que sólo podía prestarle la simbiosis puntual con José Tomás, talismán infalible en las taquillas desde que se decidió a reaparecer en 2007.

La corrida de Garcigrande escogida para la ocasión no llegó a emplearse por completo pero se encontró con la entrega de Tomás, que acarició con el capote al remiso primero, que sólo brindó media docena de arrancadas. Estuvo mucho mejor con el quinto, en una faena difusa en el planteamiento pero intensa en la interpretación que marcó sus mejores momentos en una enorme tanda diestra y unos naturales dictados de forma vertical. Con el personal al rojo vivo, cortó las dos orejas que todo el mundo quiso y pidió y se ganó la puerta grande final.

Pero lo de El Juli fue de otra galaxia y marcó una nueva dimensión que eleva el techo del precoz maestro madrileño. Las cuatro orejas lucradas en Badajoz habrían sido iguales en Bilbao, Sevilla o Madrid. El Juli salió firme y sinceramente decidido a triunfar y lo logró a base de valor, capacidad y sabiduría.

Le formó un auténtico lío al tercero de la tarde, un toro de buena condición al que cuajó de cabo a rabo por ambas manos y arrastrando la muleta por el suelo en una labor trepidante en la que no acusó nunca la lesión de la clavícula. Pero con el sexto acabó por salirse del pellejo, imponiéndose a los elementos y ejerciendo autoridad de gran maestro.

Ya tenía dos orejas cortadas pero no le importó, se subió encima de las olas y demostró que es el verdadero número uno.

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