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El Juli es operado por tercera vez en Zaragoza

El torero ha abandonado esta mañana la clínica Quirón-Sagrado Corazón.

el 26 abr 2013 / 11:48 h.

juli_zaragoza El Juli no tenía como meta su domicilio madrileño para continuar con la recuperación de la grave cornada que sufrió en la plaza de la Maestranza el Viernes de Farolillos. Contradiciendo el parte oficial emitido en la mañana de este viernes por la clínica Quirón-Sagrado Corazón de Sevilla, había viajado a Zaragoza para ponerse en manos del prestigioso cirujano taurino Carlos Val-Carreres, que le ha operado por tercera vez para atajar de una vez por todas las molestias y la fiebre que venía arrastrando el torero desde la brutal cogida que le impidió cumplir con su tercer compromiso en la Feria de Abril, de la que ha sido declarado máximo triunfador con una sola tarde cumplida. Según el último parte oficial emitido por la clínica Quirón de Zaragoza, El Juli ha sido intervenido “para drenar una cavidad residual que originaba su estado febril”. El mismo parte precisa que “tanto los vasos femorales como las amplias lesiones musculares que sufrió la semana pasada están en buen estado”. La inesperada noticia –todos hacían al torero descansando por fin en casa, con los suyos- ha causado una enorme extrañeza en todos los estratos del mundillo taurino. Ya había sorprendido a los periodistas especializados la apresurada convocatoria de una rueda de prensa por parte del doctor Octavio Mulet –cirujano jefe de la plaza de la Maestranza que operó al torero- que hacía presagiar el alta o alguna noticia relevante en relación con el proceso evolutivo del torero. Pero no hubo nada nuevo más allá de la recogida de velas en torno a los primeros plazos que se habían aventurado –se había hablado de dos o tres semanas- para una recuperación que en ese momento pasó a ser considerada larga e indefinida. Tampoco habían pasado desapercibidos los partes diarios, especialmente cuando se supo que el diestro madrileño presentaba unos picos de fiebre que no se debían, según ese mismo goteo de partes, a ningún foco infeccioso. ¿A qué se debían entonces? La operación en el centro aragonés parece haber resuelto esa incógnita. Pero el caso es que esos grados de fiebre llegaban después de la segunda y sorpresiva operación que sufrió el joven maestro en la noche del sábado de farolillos para atajar un inesperado sangrado de la herida y unos fortísimos dolores. Mientras tanto, cualquier intento de saber algo más que el aséptico y breve parte diario era un intento vano. El entorno de El Juli había trazado un auténtico muro de silencio que hacía imposible cualquier tipo de visita, toma de declaraciones o fotografías. Ya es archisabido que el último parte emitido en Sevilla hablaba de una evolución positiva y de un traslado a Madrid, por propia voluntad del herido. Nadie podía esperar que el destino final eran las manos del doctor Val-Carreres, a más de 800 kilómetros de Sevilla.

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