Cultura

El Juli triunfa en su encerrona a pesar de lograr sólo una oreja

Sudó bien el torero su compromiso de matar seis toros en Bilbao. Gesto inesperado por cuanto estaba previsto un mano a mano con Miguel Ángel Perera, que al resultar lesionado en la víspera no pudo acudir.

el 16 sep 2009 / 07:31 h.

Sudó bien el torero su compromiso de matar seis toros en Bilbao. Gesto inesperado por cuanto estaba previsto un mano a mano con Miguel Ángel Perera, que al resultar lesionado en la víspera no pudo acudir.

Matar seis toros en plaza de primera suele tener unos prolegómenos donde se madura mucho la decisión. El Juli, sin tiempo esta vez para pensarlo, mostró una intención muy buena desde el principio. Mucha imaginación y vistosidad, y sobre todo un gran compromiso artístico.

Los toros de Jandilla -ninguno rompió en el sentido de ponerle las cosas fáciles al torero- no dieron el juego deseado. Ni fáciles ni vistosos. Pero no se quedó El Juli a la espera precisamente de ese toro que le diera alas al acontecimiento. Lo buscó con ahínco, aunque no fue posible hasta el quinto.

El Juli quiso darle variedad a la tarde con los quites, por caleserinas en el primero, tafalleras en el tercero, faroles invertidos en el cuarto, gaoneras en el quinto y previamente en éste galleo por chicuelinas; por chicuelinas también en el sexto, que finalmente sería devuelto, y por la zapopinas en el sexto bis, a éste último después de un saludo de rodillas con dos largas cambiadas en el tercio.

Un solo brindis en la tarde, al público, en el quinto, quiere decir que fue el único toro en el que se vislumbró posibilidades de faena. Aunque hay que insistir que en éste y en los otros cinco sin excepción, El Juli trató de que el gesto fuera también gesta. No se anduvo con rodeos. No se reservó nada en ninguno, quede claro.

El compromiso fue total en los seis a pesar de que en unos se mostró más cerebral que enjundioso, y a la inversa. Y esas dos mismas alternativas juntas en una misma faena. Por ejemplo, en el sexto. Compendio de inspiración, gusto y valor, esto último con especial énfasis, fueron una constante en la tarde. Como el temple y la despaciosidad, los sabios y oportunos toques, la técnica para aprovechar más y mejor las condiciones de cada toro.

Rotundo en ese sexto, cuya faena provocó verdadera efervescencia en los tendidos. La pena fue que no puso buena rúbrica con la espada. De la misma manera que se había estropeado también en la suerte suprema otra actuación de mucho peso en el tercero.

La oreja llegó en el quinto, con un trasteo también de altura. En resumen, ganó El Juli por la mínima, pero convenciendo tanto o más que si hubiera sido por goleada de orejas.

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