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El keniano Philip Biwott se queda a nueve segundos del récord

La edición de 2010 del Maratón Ciudad de Sevilla tuvo ciertos paralelismos con la precedente, la de las Bodas de Plata, en la medida en que volvió a superarse el récord de participantes, rondando ya los cuatro mil. 

el 14 feb 2010 / 10:51 h.

Girma Tadesse Desta, vencedora y única mujer en bajar de las 2h.35’

El ganador volvió a bajar de 2 horas y 11 minutos, si bien al keniano Philip Biwott le sobraron esta vez nueve segundos y no pudo rebajar la plusmarca que estableció el pasado año el etíope Haylu Abebe Dogaga en 2h.10:30.

Pero, más allá de los registros, hubo una diferencia radical entre una y otra carrera que influyó de forma decisiva precisamente en las marcas obtenidas.

Y es que, si en 2009 hizo un radiante día que invitaba a correr en las mejores condiciones, ayer la matinal invitaba más bien a quedarse resguardado bajo las sábanas, tal era el frío que se respiraba en el ambiente cuando los atletas tomaron la salida al pistoletazo del mítico Fermín Cacho.

Y, peor aún, esas temperaturas de tres-cuatro grados a las nueve de la mañana se convirtieron, de forma paradójica, en una sensación térmica mucho más desagradable con el paso de los minutos.

A las mínimas temperaturas se unió un viento gélido en la segunda mitad del recorrido que ya no abandonó a los corredores hasta cruzar la pancarta de llegada en el recinto cartujano, agrandando así la ya de por sí enorme gesta de completar los 42,195 kilómetros.

Temperaturas mínimas y a pesar de ello también marcas mínimas, las que buscaban y hallaron los tres españoles de más renombre en el elenco de inscritos: el extremeño Pablo Villalobos, el malagueño Javier Díaz Carretero y el canario José Carlos Hernández, que hicieron bien en correr agrupados y en armonía y compañía del luso José Moreira, acreditado por su novena plaza en el Mundial de Berlín'09.

Todos ellos remataron la prueba por debajo de las 2 horas y 15 minutos exigidas para aspirar a participar en el Europeo de Barcelona.

La carrera arrancó, queda dicho, con un frío apreciable del que los atletas africanos quisieron desprenderse sin dilación.

Así, al paso por el Puente de La Barqueta, en el décimo kilómetro, la prueba ya estaba lanzada y planteada en dos frentes: en vanguardia, un grupo de catorce unidades, con el sevillano Penti como excepción a la hegemonía de los atletas negros; atrás, el organizado bloque de los ibéricos con la mínima para el Europeo como medido objetivo.

30'45" para la cabeza y un minuto más para los perseguidores.

En el kilómetro 14, abandonado el tramo de SE-30 y enfilando la Casa Cuna, la criba adelante ya era notoria: tres kenianos (los favoritos Biama y Biwot junto a su liebre, Moiben), cinco etíopes y Penti exhibiendo sus últimos coletazos de clase, pasando sin titubeos al frente del paquete, al fin y al cabo no le iba en juego más que una nueva probatura para pasarse a la distancia en un futuro próximo.

Retirado el sevillano en el kilómetro 16, el octeto cabecero mantuvo su ritmo sin mayores novedades hasta alcanzar el ecuador de la prueba, esa siempre fiable referencia donde los africanos registraron 1h.05:44 al paso que marcaba el etíope Bedaga Girma Elala.

En ese punto ponía pie en tierra James Moiben, el keniano que tan buen rendimiento suele ofrecer en la Sevilla-Los Palacios y al que la adición de kilómetros por encima de los treinta ya no le sienta tan bien.

Cumplido su cometido, como también lo cumplió a la perfección el salamantino Rafael Iglesias, que si el año pasado fue tercero en Sevilla con un marcón (2h.11:51), en 2010 tenía el solidario reto de tirar de sus colegas Villalobos, Díaz y Hernández para acercarles a la mínima. Con Iglesias hicieron su trabajo sordo David Solís y un marroquí, todos ellos retirados en la media.

Quedaba todavía mucha tela por cortar y no pasaría mucho tiempo hasta que los protagonistas del XXVI Maratón Ciudad de Sevilla mostrasen sus fortalezas o debilidades.

Como en las últimas ediciones, las hostilidades se desataron en pleno Nervión y en cabeza se formaron dos tríos separados por cien metros, situación que saltaría por los aires superada la treintena de kilómetros, cuando el keniano Philip Biwott impuso su poderío y ya nadie pudo seguir su estela, si acaso su colega William Biama.

Detrás, el etíope Adem Jemal Hussen se destacaba de sus compatriotas Zelele Kabtamu Reta, Mamo Moges Taye y Biru Gemechu Dessalegn, los únicos que sobrevivían por delante del grupito de españoles con Moreira. Pero, claro, entre éstos también tenía que imponerse tarde o temprano la ley del más fuerte.

Y fue ya cerca de meta cuando se puso fin a la entente cordiale de los relevos. Pablo Villalobos aceleró y el primero en ceder fue el canario Hernández. Pero es que su incremento en el ritmo de zancada sirvió además para ir atrapando a los etíopes maduros, hasta el punto de que el extremeño llegó a situarse tercero.

peligra el récord. Mientras, Philip Biwott entraba en el Olímpico aún por debajo de las 2h.10' y amenazaba el récord de la cita hispalense, pero su sprint final sólo le servía para quedarse a nueve segundos del tope.

Villalobos todavía rebasó al keniano Biama para conquistar la segunda plaza en 2h.13:33, con Moreira, el propio Biama y el malagueño Díaz Carretero apretados en quince segundos y el canario Hernández algo más rezagado, aunque todos por debajo de las 2h.15' que buscaban.

Quienes no lograron la misma recompensa fueron las españolas. Con el triunfo de la etíope Girma Tadesse Desta, la madrileña Tamara Sanfabio fue la más fuerte de las nacionales, aunque le sobró algo más de minuto y medio sobre las 2h.35' requeridas por la RFEA para ir a Barcelona.

Rosa María Macarro volvió a ser la mejor sevillana y se quedó a apenas tres segundos del récord que impuso en 2009, mientras Tomás Padua clavó las dos horas y media como mejor sevillano.

Todos ellos, y los 3.124 atletas que cruzaron la meta antes del cierre de control, desafiaron con éxito sus límites y al frío.

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