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El lado amable de la crisis

Los voluntarios de Cáritas analizan cómo ha cambiado el perfil de las personas que solicitan ayuda.

el 17 jun 2012 / 19:47 h.

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Están desbordadas aunque sobreviven gracias al optimismo y siempre tienen una sonrisa en los labios para quienes llegan a pedir ayuda. Son las personas voluntarias de Cáritas, un organismo oficial de la Iglesia que está completamente desbordado debido a la acuciante crisis que cada día castiga a más hogares sevillanos.

Las hay en todas las parroquias de la díocesis, donde de forma completamente altruista, el voluntariado hace de nexo entre los problemas y la solución, al menos de una parte. Nos encontramos en la parroquia de San Andrés, en el casco histórico, donde Asunción Iñíguez, María Victoria García y Rosario Leiva están en un pequeño despacho viendo los informe de todas las demandas que tienen. Para ser una pequeña parroquia, actualmente dan cobertura asistencial a sesenta personas de todas las edades. "Antes de la crisis la mayoría eran personas mayores, pero ahora hay de todo y mucha gente que ni se podía imaginar que terminaría pidiendo ayuda para poder sobrevivir", explica Asución, que lleva 14 años como voluntaria de Cáritas y allí donde ve un problema intenta siempre poner una solución, o simplemente invitar a café a la persona o dar un paseo "que a veces es realmente lo que necesitan", aclaran.

Allí atienden todo tipo de necesidades aunque muchas son para lo más básico como es pagar el alquiler de la vivienda, on de la habitación en muchos de los casos, o el recibo de la luz. A toda persona que llega se le hace un detallado estudio para conocer realmente su situación, analizar las causas que le han llevado a esta situación y comenzar a buscar soluciones. "Normalmente la persona que acudía a Cáritas eran los que no tienen absolutamente mada y duermen en la calle, pero ahora la situación ha cambiado", detalla Asunción. Su voluntariado, aunque habitualmente sólo está en el despacho parroquial los lunes por la tarde, no para ningún día de la semana "porque siempre hay algo que hacer y en qué pensar y si tenemos que comprar un frigorífico a alguien hay que ir al polígino que lo tenga más baratado. Cada céntimo cuenta".Esta situación también les hace replantearse su modo de vida y valoran mucho más todas las comidades que tienen alrededor. Así lo explica María Victoria, quien colabora en Cáritas desde el pasado mes de enero "porque tenía la necesidad de ayudar". Ahora que sus hijas son más mayores puede dedicar las tarde para ayudar al prójimo y desde que lo hace, ha cambiado su percepción de muchas cosas. "Velo por el ahorro en casa mucho más, que no haya que tirar comida y las luces porque veo a mucha gente que no la puede pagar. Este año, además, vamos a irnos algún día menos de vacaciones y ese dinero servirá para quienes acuden a Cáritas para recibir ayuda". A pesar de todas las peticiones que llegan, -en 2011 Cáritas atendió en Sevill a más de 71.000 personas- tienen una máxima muy clara que les sirve para no desfallecer en el intento "El cristino no se estresa", afirma Asunción con rotundidad, y a partir de ahí se busca la solución al problema. "Y cuando nosotros no llegamos, recurrimos al las hermandades del barrio que tienen una diputación de Caridad y les pedimos ayuda, fundamentalmente para el tema de alimentos que se gestionan a través del economato de la Fundación Casco Antiguo".

Otra importante faceta es la de buscar dinero para los necesitados, que llegan a través de las colectas de las misas (una al mes) y de donaciones voluntarias que en más de una ocasión han llegado de sorpresa y han solventado alguna papeleta importante.Esta grave situación económica tambén tiene su parte positiva. Además de valorar todo lo que se tiene, las voluntarias aseguran que muchas familias están ahora "más unidas que nunca" pero se necesitan unos a otros para poder tirar todos los mesas, y el papel de los abuelos vuelve a ser fundamental. "Muchos padres han quitado a sus hijos del comedor del colegio y ahora comen todos los días en casa de la abuela, que está feliz de ir a la plaza y comer todos los días junto a sus nietos". Al menos, algo bueno tiene la crisis.

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