Cultura

El Lebrijano es al fin profeta

Juan Peña Fernández El Lebrijano es caro producto de la tierra, del mismo terrón donde germinó Elio Antonio, el padre de la gramática española. De gramática flamenca sabe El Lebrijano un porrón. Tanto, que el Nobel de Literatura García Márquez sentenció de su voz: "Cuando Lebrijano canta, se moja el agua". Anoche se empapó de alegría todo su pueblo.

el 16 sep 2009 / 06:02 h.

Juan Peña Fernández El Lebrijano es caro producto de la tierra, del mismo terrón donde germinó Elio Antonio, el padre de la gramática española. De gramática flamenca sabe El Lebrijano un porrón. Tanto, que el Nobel de Literatura García Márquez sentenció de su voz: "Cuando Lebrijano canta, se moja el agua". Anoche se empapó de alegría todo su pueblo.

Aquí en su pueblo no hace falta que El Lebrijano esgrima el título de uno de sus últimos discos, Yo me llamo Juan, porque todo el mundo lo sabe, todos conocen al hijo de María la Perrata, utrerana de nacimiento y lebrijana por la gracia del destino. Juan empezó con la guitarra, cantó para el baile, se atrevió con el cante y revolucionó más tarde su jondura atravesando las críticas más ortodoxas, hasta llegar a ser el cantaor más dotado de su generación. Ahora, a un mes de cumplir 68 años, ha sido nombrado Hijo Predilecto de su pueblo, seguramente la hazaña más difícil.

El acto en el que anoche fue investido con tal distinción este hijo ilustre se enmarca en las actividades programadas con motivo de la XLIV edición de la Caracolá Lebrijana, uno de los festivales con más solera de Andalucía. El Lebrijano tiene más historia aún; con 15 años es guitarrista de La Paquera de Jerez, con 23 gana el primer premio de cante en el Concurso de Mairena del Alcor y en 1965, poco antes de que naciera la Caracolá, viajaba ya Juan con el ballet de Antonio Gades por los tablaos de medio mundo. A partir de entonces, El Lebrijano se hizo totalmente con los resortes de su talento y parió joyas brillantes y polémicas a partes iguales como Persecución (1976), un recorrido dramático y jondo por la constante del pueblo gitano desde el siglo XV; o Reencuentro (1983), una grabación mágica en la que dos culturas que eran primas, la flamenca y la andalusí, se abrazaban en una colaboración histórica entre Juan y la Orquesta de Música Árabe del Conservatorio de Tánger. Todos los grupos políticos del Ayuntamiento lebrijano quisieron anoche afianzar públicamente su admiración por este artista. Entre los presentes en el salón de plenos, el cineasta Benito Zambrano, adelantado en esa cima cercana que supone el nombramiento de Hijo Predilecto del pueblo en que uno nace; la maestra del baile Matilde Coral; o el flamencólogo y rector de la Internacional de Andalucía, Juan Manuel Suárez Japón, Jesús Quintero y José Antonio Viera, entre otras personalidades.

El consistorio regaló un "Pasaporte Lebrijano" para una exposición que, con ese nombre, se inauguró anoche en la Casa de la Cultura. La muestra, integrada por unos 30 paneles, ofrece una pincelada sobre el bagaje humano y artístico de Juan Peña, "embajador lebrijano que ha trascendido en la música en general, dijo la concejala de Cultura, Dolores Gómez.

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