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El Lebrijano sigue teniendo intacto el preciado don de la voz flamenca

el 19 oct 2012 / 21:55 h.

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Juan Peña 'El Lebrijano' durante su actuación.
Teatro Central. Casablanca. Cantaor: Juan el Lebrijano. Músicos: Pedro María Peña, guitarra; Faical Kourrich, violín; Bedduane Kourrich, teclado y voz; Agustín Henke, percusión; y Manuel Sabugal, bajo. Entrada Lleno. Sevilla, 19 de octubre de 2012.manuel


Nadie mejor que el maestro del cante Juan el Lebrijano para cerrar el proyecto Flamenco de orilla a orilla, liderado por el Instituto Andaluz del Flamenco en colaboración con la Dirección General de Coordinación de Políticas Migratorias y la Dirección Regional del Ministerio de Cultura de Marruecos. Este interesante proyecto, según el programa de mano, persigue, por una parte, poner en valor el patrimonio cultural del sur de España y de la Región Oriental de Marruecos y para potenciar el desarrollo de nuevas actividades económicas. Por otra parte, las empresas andaluzas y marroquíes verán mejorado el desarrollo de sus actividades al favorecerse el flujo empresarial entre ambos territorios.
Como decía, nadie mejor que Juan Peña Fernández El Lebrijano para participar en este proyecto, porque él fue quien hace ya más de dos décadas comenzó a promover el encuentro entre el flamenco y la música arábigo-andaluza, primero con Encuentro, y luego con Casablanca.

Fue criticado en su momento por los más puristas de la tierra, que solían decir "ya está el de Lebrija otra vez con los moros", seguramente sin saber la innegable influencia de la música de los árabes en la andaluza, y al contrario. Era el momento de la fusión del flamenco con el jazz, el rock y otras músicas del mundo, y el hijo de Bernardo y La Perrata se adelantó a casi todos, siendo como es un gitano perteneciente a una destacada familia calé donde la pureza es la base de todo: los Peña de Utrera y Lebrija, los herederos del célebre Popá Pinini.

Su concierto de anoche en la Cartuja, Casablanca, es ya un clásico del flamenco. El maestro no está ya para coger espárragos trigueros por los cerros de Cazalla de la Sierra, pero aún no se le ha ido el don de la voz, quizás la más hermosa del cante jondo del último medio siglo.

Acompañado por el grupo que suele hacerlo desde hace años, salvo el bajista Manuel Sabugal, desgranó las piezas musicales no sólo poniendo su eco gitano al servicio de esta causa, sino dirigiendo con las manos a la reducida orquesta en una puesta en escena ya clásica en él. Ritmos flamencos pertenecientes al legado de los clásicos, en perfecta armonía con los árabes, en un concierto que fue de menos a más y que, sin ser una gran noche de Lebrijano, acabó metiéndonos tan hermosa fusión musical y cultural entre el pecho y la espalda. Con grandes músicos, como los que acompañaron anoche a Juan, y un maestro del cante que tiene casi intacto el preciado don de la voz, sólo había que relajarse y disfrutar.

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