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El lector es Sherlock Holmes

Visita de sábado al hipermercado. Del carrito se escapan las cajas con bricks de leche, los congelados para almuerzos exprés, el pan de molde que cenar cuando el tiempo escasea y el cansancio apremia. Encuentran todo lo que buscan.

el 15 sep 2009 / 07:01 h.

Visita de sábado al hipermercado. Del carrito se escapan las cajas con bricks de leche, los congelados para almuerzos exprés, el pan de molde que cenar cuando el tiempo escasea y el cansancio apremia. Encuentran todo lo que buscan.

Pero imaginen que, en su próxima visita, los reponedores deciden privarles de los yogures de melocotón, por ejemplo. O que la dirección de la gran superficie erradica el queso en lonchas o los tomates para la ensalada. ¿Reclamarían a su cajera favorita, solicitarían la hoja de reclamaciones, aparcarían frente al súper del barrio por si las moscas?

Les reto a visitar una librería -la de su barrio, o cualquier Carrefour de libros- y buscar según qué editoriales: sellos que apuestan por títulos de calidad, que recuperan a clásicos descatalogados -o ni siquiera traducidos-, que iluminan a coetáneos desconocidos o directamente inéditos.

Colecciones, en su mayoría, que habitan los márgenes geográficos o temáticos, que miman el diseño y el papel, que consideran estrellas a sus autores -me encanta la filosofía del Cangrejo Pistolero-, que confían en la buena literatura como valor absoluto. Y colecciones enfrentadas a grupos cuyo presupuesto para publicidad -sólo- triplica el suyo anual, luchando en una batalla perdida de antemano.

El resultado? Si les interesan estos libros, deberán emprender una labor detectivesca: se esconden tras los Follet y Zafones de turno. Que no dañan en la teoría, pero avasallan en la práctica.

Sobre mi mesa, algunas de las novedades de Eclipsados: Punto de fuga, Cinco días en agosto, Cuaderno de sublevaciones.

Sus autores -Sonia San Román, Carmen Ruiz Fleta, Pablo Lópiz- rondan la treintena y su experiencia editorial se limitaba a colecciones minúsculas, de difusión local. Desde Zaragoza, el editor Nacho Escuín les permite ahora -en unos libros pequeños, hermosos y cuidados- traspasar fronteras y ganar lectores desde el catálogo de Eclipsados. Investiguen: por Eclipsados merece la pena disfrazarse de Sherlock Holmes.

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