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“¿El libro digital gratis? Y un cuerno. No lo es un fontanero, ni una sinfonía”

Rafael Arbide, director de ‘Edición Electrónica Andaluza’ (antigua RD Editores)

el 26 ago 2013 / 08:00 h.

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editor electronico Rafael Arbide, director de ‘Edición Electrónica Andaluza’ (antigua RD Editores) El 20 de marzo cumplió 80 años y justo ahora se ha puesto al frente de una editorial electrónica, que ha abandonado el papel y se dedica a la edición, distribución y venta de libros electrónicos. Lo de Rafael Arbibe (Cádiz, 1934) sí es una reconversión profesional. –¿Qué ha empujado a la antigua RD Editores a arrojar la toalla en el sector del libro de papel? –En pequeñas editoriales la edición del libro de papel es muy complicada desde el punto de vista de la rentabilidad, porque en el mundo de la edición en papel había una costumbre establecida que eran los derechos de autor. El autor cobraba por entregarle el libro al editor, y a partir de ahí, todo el tema era a riesgo y ventura del editor. Si, como ocurre en el mercado español, hay cientos de editoriales y miles de libros, vender un libro en cantidad suficiente para alcanzar el umbral de rentabilidad es muy difícil. Conclusión: que si uno intenta hacer muchos libros pagándole a los autores e intenta venderlos no consiguiendo éxito en todos, lo más probable es que uno pierda dinero y se vea obligado a cerrar. –De ahí que se hayan lanzado a la aventura digital... –La aventura digital tiene varias facetas: una, que no se pagan los derechos de autor, sino por libro vendido; y dos, que es sin duda la técnica del futuro. Nosotros somos lentos como de costumbre, pero en EEUU ya las ventas de libros digitales suponen el 30% de las ventas totales y nosotros todavía no hemos llegado al 5%. Muy poco todavía. Parece que la gente no se acaba de animar a leer libros en los dispositivos móviles, sigue prefiriendo el papel. Estamos seguros de que, aunque tardará, esta tecnología llegará a triunfar. –¿Es una vía alternativa para sobrevivir? –En el mercado del libro es la única vía para sobrevivir, entendiendo por sobrevivir que hay un periodo de tiempo en el que todavía no se va a rentabilizar el negocio. El que sepa aguantar y digitalizar bien, que no es tan fácil, e invirtiendo un poco, dentro de dos, tres o cuatro años, una editorial consolidada con imagen y una tecnología punta, sin duda alguna es negocio. –Y a sus 80 primaveras, ¿qué le ha llevado a meterse ahora en este jardín? –Llevo jubilado 13 años, lo que no significa que lleve 13 años sin trabajar. Pienso que la jubilación es el momento ideal para que nosotros le devolvamos a la sociedad parte de lo que hemos aprendido. –A simple vista puede resultar paradójico que un octogenario abandere una editorial digital. –Ahí hay dos aspectos distintos. Uno, el físico: mientras la máquina funcione por qué no la voy a utilizar. Dos, el intelectual: es evidente que hay que hacer un esfuerzo por estar al día. Hay que aprender. Mientras ambas cosas se puedan hacer, trabajar, sobre todo cuando se trabaja por gusto, es un placer. –¿Le resultó duro el aprendizaje de las nuevas tecnologías? –No, no. Sé manejarme, aunque reconozco que mis nietos me llevan ventaja. He aprendido lo suficiente para poder trabajar yo y para poder juzgar  el trabajo de los demás. –¿Hasta cuánto están dispuestos los lectores a pagar por un libro electrónico? –El libro medio de papel estaba en torno a los 20 euros. El libro medio digital está en torno a los seis euros. Con lo cual, rentabilizar el tema es tan difícil como antes. A seis euros es muy difícil sacarle dinero, pero se le puede sacar. Hay excepciones de libros a 1,99 o 2,99. La media, como le digo, es 5 o 6. –¿El problema es el precio de libro o que la gente cada vez lee menos? –No sé cuánto lee la gente. Lo que sé es que en el plano digital no crecemos tan deprisa como quisiéramos. También es cierto que hay una cantidad de literatura, primero, que ya no tiene derechos de autor y que es de libre disposición, y otra, que es pirateada, que también es de libre disposición. La primera no es enemigo, la segunda sí lo es. –¿No cree que entre los jóvenes está cada vez más extendida la idea de que la cultura de autor debe ser gratuita? –Y la del fontanero, por qué no. A mí me encantaría que viniera el fontanero, me arreglara el baño y se fuera. Es graciosísimo. “¡No, es que los libros deben ser gratis!” Pues, con perdón, un cuerno. El libro no es gratuito, como no lo es un cuadro, ni una sinfonía. –¿Qué diferencia a Edición Electrónica Andaluza de otros sellos digitales que hay en el mercado? –Tenemos una línea  editorial con dos direcciones fundamentales: la literatura relacionada con Sevilla (narrativa, ensayo, historia) y narrativa contemporánea e incluso de autores nuevos. Lo que no significa que hagamos incursiones en otros caminos. –¿Las ferias del libro están destinadas a desaparacer? –El libro de papel está destinado a desaparecer, como desaparecieron los copistas con la llegada de Gütemberg. Habrá libros de papel, lo que pasa es que habrá pocos, muy buenos y muy caros. Serán más bien una joya, no un instrumento diario. Un kindle (lector de libros electrónicos) no pesa nada y se lleva en el bolsillo, y yo meto ahí 1.000 libros, y eso es una herramienta de trabajo maravillosa. Yo en mi casa tengo 2.000 libros en el trastero porque no me caben. Un libro en el trastero es un libro muerto. En el kindle los tendría todos a mano. –¿Hacia dónde camina el mundo editorial? –Sí he notado una cosa: hemos cambiado de producto, pero no de mercado. El producto ya no es de papel, es virtual, pero el mercado sigue siendo el mismo. Quiero decir, los grandes son los grandes, los chicos son los chicos y las distribuidoras de papel, que son uno de los grandes focos de resistencia actual al digital, no van a desaparecer. Las distribuidoras digitales de hecho existen y distribuyen el producto por todo el mundo. Nuestros libros se venden en Argentina, en Colombia, en México e incluso en Alaska. La estructura del mercado seguirá existiendo. –Y por si fuera poco, también se ha metido a escritor. ¿De qué nos habla su libro, La sociedad y sus laberintos? –El título lo dice todo. Hablo exactamente de 49 laberintos relacionados con la sociedad, los modos de convivencia y la religión. Es un libro de meditación, para que lo cojas, leas una meditación y te pongas a pensar. Hablo de la utopía, de la alegría, del pesimismo… lo que se me va ocurriendo.

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