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El lince y el niño

Bar de la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Me llamó la atención un cartel en el que no había reparado nunca. Se leía: "Prohibida la venta de tabaco a menores de 18 años". Inmediatamente se produjo en mi cerebro una sucesión de anuncios de ese tipo que indicaban la severidad con la que las autoridades españolas...

el 16 sep 2009 / 00:18 h.

Bar de la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Me llamó la atención un cartel en el que no había reparado nunca. Se leía: "Prohibida la venta de tabaco a menores de 18 años". Inmediatamente se produjo en mi cerebro una sucesión de anuncios de ese tipo que indicaban la severidad con la que las autoridades españolas y autonómicas protegen a los menores de edad que, según la Constitución de 1978, llega hasta los 18 años. "Prohibida la venta de alcohol a menores de 18 años", es el anuncio que figura en muchos bares de nuestro país.

Los profesores de Enseñanza Media y Bachillerato saben que si organizan una excursión para sus alumnos de 16 o 17 años, teniéndose que desplazar a un pueblo distinto del que viven esos alumnos, todos tienen que llevar una autorización paterna, porque los menores, en España, no pueden viajar sin ella. Las autoridades autonómicas mantienen centros de internamiento para menores delincuentes que, por no haber llegado a la mayoría de edad, gozan del derecho de cumplir sus condenas en centros distintos a las cárceles donde purgan su castigo los mayores de edad. De vez en cuando, aparecen en los medios de comunicación referencias a menores que se someten a intervenciones quirúrgicas para mejorar su estética y clamamos contra esa permisividad.

Una alumna de primero de una de las facultades en las que imparto docencia me preguntó, hace unos días, sobre el fastidio que experimentaba al haberse enterado de que no podría votar, por primera vez en su vida, en las elecciones europeas de junio próximo, ya que ella cumpliría los 18 años a primeros de julio. La norma es así. "Pues no entiendo que no pueda votar con 17 años largos y pueda abortar con 16, y sin permiso paterno, si sale adelante la propuesta que los expertos han hecho a la Ministra de Igualdad".

No supe qué responder, porque el argumento era tan poderoso que no tuve más remedio que darle la razón. Ya sé que la ministra ha dicho que "si se pueden casar a esa edad, pueden abortar". Pero no sé cómo responder a las interrogantes siguientes: "Si se puede abortar a los 16 sin autorización paterna, ¿por qué no se puede comprar alcohol o tabaco hasta los 18?" "Si se puede abortar a los 16 años, ¿por qué no se puede votar a esa edad?".

El voto es algo que necesita menos madurez que el paso por un quirófano para interrumpir un embarazo, y tiene la ventaja de que si te equivocas, tienes la posibilidad de rectificar en las próximas elecciones, pero si con 16 años abortas y te equivocas, por falta de madurez, no hay posibilidad de dar marcha atrás.

Tengo la convicción de que el Gobierno de España va a elaborar una nueva legislación sobre la interrupción del embarazo que dé respuesta a las situaciones anómalas o cínicas que siguen acompañando a las mujeres cuando deciden firmemente abortar. Un gobierno que desee apoyar a sus ciudadanos, no tiene más remedio que hacer legal y sanitariamente seguro lo que, hasta ahora, era ilegal y pernicioso para muchas mujeres.

Defiendo la modificación de la ley para acabar con situaciones traumáticas, dolorosas y peligrosas para las mujeres que no desean ser madres. Pero apelo a la sensibilidad del Gobierno para que reflexione. Nadie puede privar a los padres del derecho a ser informado sobre un eventual aborto de sus hijas menores de edad. Es posible que los expertos, al plantear esa posibilidad, estén pensando en algunos padres trogloditas que no aceptarían, bajo ningún concepto, esa situación, pero el Gobierno debe pensar sobre todo, en los padres que, planteado el problema, ayudarán a sus hijas a tomar la decisión mejor para ellas.

Permitir que puedan hacerlo sin el consentimiento paterno es condenar a esos padres a un sufrimiento doble: condenarlos a la inopia ante un embarazo no deseado de sus hijas y condenarlos a no poder acompañar a sus hijas en la resolución del problema. Me temo que la mayoría de las adolescentes, puestas en la situación de un embarazo, preferirán ocultarlo antes que confiarse en la experiencia y el amor de sus progenitores.

Después de escuchar la opinión del Papa y de monseñor Camino, el uno hablando del preservativo y el sida, y el otro sobre el lince y los niños, siento cierto pudor a la hora de publicar las líneas que he escrito más arriba. Temo que si no se me lee bien, se me pueda confundir con parte de lo que ellos defienden. Sólo coincido con el segundo en que, efectivamente, en el mundo, el lince está mucho más protegido que los niños. No hay que ser muy lince para saber que en los países menos desarrollados, de cada 11 niños, uno muere antes de los cinco años de edad.

Efectivamente, es un escándalo los centenares de miles de niños que, en el mundo, mueren por falta de alimentos y de atención sanitaria y farmacéutica. Ésa sí que sería una batalla en la que creyentes y no creyentes nos uniríamos para que, con el dinero que se está destinando a salvar al sistema financiero mundial, se salvaran las vidas de esos niños que ni pecar pudieron antes de morir por tener menos cuidados que el lince.

No puedo coincidir con la frase de Benedicto XVI "sufrir con los sufrientes", porque no sé qué significa. ¿Quiénes son los sufrientes? Puesto que, a preguntas de periodistas, habló de lealtad y abstinencia, entiendo que los sufrientes son los abstinentes. Y sólo conozco un grupo de personas que proclaman su abstinencia sexual. ¿Se supone que esa abstinencia les hace sufrir? ¿Quiere el Papa que todo el mundo sufra con ellos, con los abstinentes declarados? ¿Por qué no les libera de ese sufrimiento y podrá ver el problema del sida desde otra perspectiva más humana?

jcribarra@oficinaex.es

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