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El maestro de La Pañoleta

Ni asfalto ni luz ni agua potable. La Pañoleta era un pequeño grupo de calles que se arriaban con la primera gota de lluvia cuando llegó Rafael Urías a la escuela parroquial. Medio siglo después, el maestro, como todos le conocen, vio como su nombre lucía en una calle del barrio al que ayudó a cambiar.

el 15 sep 2009 / 17:42 h.

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Ni asfalto ni luz ni agua potable. La Pañoleta era un pequeño grupo de calles que se arriaban con la primera gota de lluvia cuando llegó Rafael Urías a la escuela parroquial. Medio siglo después, el maestro, como todos le conocen, vio como su nombre lucía en una calle del barrio al que ayudó a cambiar.

"Rafael ha educado a toda La Pañoleta", reconoció José Antonio Córdoba, uno de los polícias locales que prestaba servicio en el acto de homenaje al que fue en su día su profesor. El mismo que enseñó a Rafael Hernández, el herrero del barrio, cómo se calculaba el área del triángulo, algo que recitó como un escolapio a sus 56 años: "Es la base por la altura dividido por dos y eso lo sé gracias a don Rafael", indica.

Los dos ex alumnos guardaron silencio en cuanto el profesor comenzó a impartir la que quizás ha podido ser la lección más emotiva de su vida. Rafael Urías se dirigió a sus vecinos de La Pañoleta y recordó como hace 50 años comenzó a trabajar en "un barrio perdido y abandonado", que era pasto de las crecidas del río.

Así llegó a la escuela parroquial, con la misión de "preparar para la vida" a unos chicos que vivían en unas casas que, por aquel entonces, carecían de agua potable y luz. Su objetivo era claro: "que esos niños llegaran a ser unos auténticos hombres y mujeres que luchen y trabajen por el bien de sus vecinos y de los que sufren".

Implicado . Pero Rafael fue más que un maestro para el barrio, como bien se apresuró a recordar el alcalde de Camas, Juan Pazos (IU), que asistió a la rotulación de la calle y que incidió en el papel que tuvo la escuela en el devenir de La Pañoleta.

Al ser una de las pocas dotaciones en una barriada tan humilde, la escuela pasó a ser el punto de partida de reivindicaciones para las mejoras que tan urgentemente necesitaba esta zona de Camas. Y, junto a la parroquia, se comenzó a solicitar la rotulación y el asfaltado de las calles o la instalación de alumbrado público. Es más, la escuela hasta llegó a convertirse en un lugar de encuentro para sindicatos clandestinos durante la dictadura franquista.

Pero en estas reivindicaciones no se encontraba sólo. Junto al profesor estaba el párroco primitivo de la Pañoleta, Miguel Mejías, que le trajo hasta aquí y con el que compartió la lucha de un barrio y con el que ayer compartió hasta homenajes. Y es que, por casualidades de la vida, el día en el que el maestro recibió tan merecido homenaje con la rotulación de la calle, a pocos metros de allí la Delegación de Salud inauguraba un consultorio con el nombre del fallecido párroco.

Junto al cura llevó para adelante como pudo la escuela, con más de 50 niños al año, así como el comedor social, en el que llegó a encontrarse con la difícil tesitura de tener que alimentar a más de 260 personas.

Después de pasar 34 años de su vida en la dirección de la escuela parroquial de La Pañoleta, Rafael se pasó a la enseñanza pública en 1994, cuando decidió asumir el cargo de director del colegio Virgen del Rocío, puesto en el que siguió hasta su jubilación, hace ya unos nueve años.

Sin embargo, esa retirada del mundo laboral no le priva del placer de enseñar. Aún hoy, Rafael regresa al local de la antigua escuela para impartir sus talleres con Cáritas y así seguir siendo el maestro de La Pañoleta.

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