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Cultura

El mágico poder de los cuencos cantores

El sonoterapeuta Luis Rodríguez ofrece hoy en Bioespacio y el sábado 20, en el Centro Sensei, sendas meditaciones con estos instrumentos extraordinarios.

el 12 dic 2014 / 12:00 h.

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Luis Rodríguez / Génesis Lence Luis Rodríguez / Génesis Lence

De acuerdo que la denominación de cuencos cantores puede sorprender incluso al melómano más inquieto. Pero más allá de una conjunción de palabras contundentemente sonora, hay cuencos que cantan. O al menos así lo afirma una antigua tradición prebudista que se remonta más de 3.000 años atrás y que nos sitúa en el Tíbet. El tañedor de tan singulares instrumentos es Luis Fernando Rodríguez (Sevilla, 1977), cuyo nombre y denominación de origen hispalense, en principio, lo sitúan bastante distante de ciudades de este complejo territorio de China como Nyingchi o Lhasa.

«Mi primer contacto con los cuencos tibetanos fue de manera anecdótica hace más de 20 años, pero hace un año y medio el universo volvió a ponérmelos en mi camino, sólo que esta vez acabarían convirtiéndose en algo mucho más profundo y especial en mi vida», cuenta. Tanto es así que, inmerso en la formación como terapeuta de sonido, esta noche en Bioespacio (c/ Ardilla 13) y el próximo sábado 20 en el Centro Sensei (c/ Chaves Nogales, 17, 20.00 horas, 10 euros), Luis Rodríguez ofrecerá los que posiblemente sean los primeros dos conciertos en esta ciudad consagrados a la meditación con cuencos tibetanos y de cuarzo, además de carrillones.

Pese a la evidente distancia cultural que separan a un occidental de este mundo cargado de exotismo, el intérprete insiste en que «el mensaje de sonido de los cuencos no es patrimonio de ninguna cultura, y cualquier persona puede enriquecerse de la experiencia porque el sonar de estos instrumentos nos conecta con nuestro Ser sagrado, aquél que subyace más allá de las diferencias culturales». Si por el camino hasta aquí algún lector puede pensar que este relato conlleva forzosamente algún tipo de creencia espiritual, pongamos por delante la evidencia científica: cada célula de nuestro cuerpo vibra a una frecuencia específica.

«Hoy día sabemos que los átomos que forman nuestros órganos, células y tejidos están en una continua vibración. Desgraciadamente, factores como el estrés o la ansiedad acarrean con frecuencia una alteración en la frecuencia vibratoria natural de nuestro organismo, en cuyo caso podemos servirnos del sonido y la vibración como una útil herramienta para ayudarlo a retornar a su estado de equilibrio original gracias al principio de la resonancia», explica.

O, de otro modo, asistir libres de prejuicios a cualquiera de estas dos citas explícitamente musicales puede conllevarnos, de camino, salir como nuevos. «El sonido mágico de estos instrumentos nos invita a pararnos y a mirar en nuestro interior, calmando nuestra mente. Además, los cuencos son un instrumento de armonización natural que actúan permitiendo la actividad de ondas cerebrales de tipo alfa (presentes en estados de relajación), la distensión del cuerpo y la liberación de tensiones musculares. Como resultado de todo esto experimentaremos una sensación de paz. Ahí está el gran valor terapéutico de estos instrumentos, su sonido es, realmente, un bálsamo para el espíritu», asegura.

Pero toda experiencia nueva requiere una actitud positiva, en este caso, Luis Rodríguez pide a quienes se acerquen a escuchar a sus cuencos cantores «abrir el corazón y dejarse llevar porque estos no son conciertos convencionales, no hay melodías, ni temas, y su estructura es del todo improvisada. Quizás el término meditación sonora sería más apropiado». Al margen de cualquier otra consideración, la rotunda originalidad de la propuesta ya debería ser un acicate suficiente como para no perdérselo.

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