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El mairenista de los mairenista

El Lele Colunga no era mi amigo; es más, como me consideraba disidente mairenista y él era el mairenista de los mairenistas, en alguna ocasión me demostró que no le caía simpático. Tengo que decir que era algo recíproco. La nuestra fue una relación fría, distante, pero respetuosa, correcta.

el 15 sep 2009 / 20:22 h.

El Lele Colunga no era mi amigo; es más, como me consideraba disidente mairenista y él era el mairenista de los mairenistas, en alguna ocasión me demostró que no le caía simpático. Tengo que decir que era algo recíproco. La nuestra fue una relación fría, distante, pero respetuosa, correcta. Hace unos días, cuando supe lo de su horrible muerte, sentí un escalofrío tremendo y me acordé de Antonio Mairena, su gran amigo. Rafael Álvarez Colunga adoraba al maestro de los Alcores y luchó lo indecible por conservar y difundir su importante legado musical. Hay dos clases de mairenistas: el que se juega su jurdó para predicar la obra del cantaor gitano, como Colunga, y los que utilizan la obra del maestro para sangrar a las peñas. Por eso he sentido la muerte de este singular moronero: porque fue amigo de los flamencos, un aficionado de buen gusto al que le gustaba disfrutar de lo jondo en la intimidad y, sobre todo, ejercer de andaluz. ¡Ahí es nada!

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