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El mangaka con clase

'El gourmet solitario', publicado por Astiberri en lugar de 'Ponent mon', el volumenes una muestra más de la genialidad y estilo del gran autor Jiro Taniguchi.

el 21 oct 2010 / 17:52 h.

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Y una sensibilidad sublime y soberbia, habría que añadir. Se dice que la labor de un artista siempre ha sido mostrar a su público la realidad que lo rodea desde miradas que nunca se habrían planteado. Y si eso es así, la forma en la que Jiro Taniguchi se ha ido acogiendo a esta máxima con el paso del tiempo ha ido dando frutos cada vez más magistrales. Nacido en la prefectura de Tottori en 1947, la carrera de Taniguchi despega en los años 70 tras haber trabajado algún tiempo como asistente para otros autores, concretando durante la siguiente década varios trabajos entre los que se cuentan el primero que se publicaría en nuestro país, Hotel barbour view (Planeta DeAgostini, 1993), que ya muestra a un dibujante con una capacidad narrativa asombrosa, y La época de Botchan (Ponent Mon, 2005-2008), un relato apasionante sobre principios del siglo XX en Japón.

Pero su consagración se produciría en los 90 tras recibir el premio Alpha Art por la que sin duda es una de sus cumbres, la poética Barrio lejano (Ponent Mon, 2009), una obra que, junto a El almanaque de mi padre (Planeta DeAgostini, 2009), pone de relieve la extrema sensibilidad del autor a la hora de analizar la infancia en contraposición con la edad adulta, inciendo sobre todo en el primer estadio de nuestra existencia en La montaña mágica y Mi año, esta última guionizada por el francés Morvan (ambas editadas por Ponent Mon entre 2009 y 2010). Autor cuyas obras dimanan una tranquilidad y serenidad capaces de contagiar a cualquiera, Taniguchi demuestra su amor por las historias simples y la observación de lo que nos rodea en títulos como la trilogía de Seton, La cumbre de los dioses, El viajero de la tundra o El olmo del Cáucaso (todas editadas por Ponent Mon entre 2004 y 2008), obras soberbias a las que ahora viene a unirse este Gourmet solitario que supone el debut de Astiberri en la publicación del autor nipón.

En ella, Taniguchi (que en esta ocasión cuenta con el auxilio de Masayu Kusumi) narra, a través de 19 capítulos -que se corresponden con otros tantos platos de la gastronomía nipona- todo un ejemplo de cómo convertir una idea que a simple vista parecería ser de todo punto ajena al mundo del noveno arte (un comercial al que le encanta comer solo y los platos que va ingiriendo en sus diferentes viajes por distintas zonas de Japón), en una obra cuya lectura se devora literalmente. Y no es porque su ritmo sea endemoniado, todo lo contrario, es debido a que, como las buenas comidas, lo que Taniguchi nos prepara es tan delicioso que lo mejor que se puede hacer con las 200 páginas en las que se desarrolla el volumen es deleitarse pausadamente, deteniéndose sin prisas en cada una de las detalladas viñetas que siempre forman parte de un menú preparado por el japonés (cuyo dibujo es de una grandeza indescriptible), y saboreando cada paso de ellas como si estuvierámos ingiriendo el más exquisito manjar.

Edita Astiberri en un libro en rústica con solapas y B/N de 200 páginas por 18 euros.

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